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Botswana es la protagonista de una de las
historias más prósperas de África. Este país, que durante mucho tiempo
fue un protectorado británico desatendido, alcanzó su independencia en
1966, e inmediatamente después, descubrió tres de las minas de diamantes
más ricas del planeta. En la actualidad disfruta de un gobierno
relativamente ilustrado, y sus estándares sanitarios, educativos y
económicos pueden compararse en el continente con los de Sudáfrica. Más allá del angosto corredor oriental,
en el que se concentra la mayor parte de la población, Botswana es una
tierra salvaje y escasamente comunicada por carretera, constituida por
sabanas, desiertos, zonas pantanosas y salinas. Para garantizar la
preservación del patrimonio natural de la nación, el gobierno ha
adoptado una política destinada a alentar únicamente el turismo de elite
y de bajo impacto. Se trata de un destino para viajeros intrépidos y
adinerados.
El delta del Okavango
El Okavango, denominado el río que nunca encuentra el
mar, desaparece en un laberinto de lagunas, canales e islas de 15.000
km² en el noroeste de Botswana. Es el delta interior más amplio del
planeta, y en él convive una intensa vida salvaje. Destaca la presencia
de numerosas aves, elefantes, cebras, búfalos, ñus, jirafas, hipopótamos
y kudus, una especie de antílope. En el centro del delta se halla la
Reserva Animal de Moremi, que se extiende sobre unos 3.000 km²,
acordonada para preservar a sus residentes. Fuera de este espacio
protegido escasea la fauna, pero también los turistas, y se mantiene la
belleza del paisaje.
A unos 60 km al sureste de Moremi se ubica Maun,
el centro administrativo del delta y su principal pista de aterrizaje.
La zona oriental resulta la más económica. La mayoría de guías y
navegantes son autónomos y carecen de licencia.
Si se desea permanecer próximo a la vida salvaje, existen
varios campings en Moremi. Acampar en otros lugares puede suponer un
gran peligro. Igualmente, en otras zonas del delta y en Maun se
localizan infinidad de campings y otros alojamientos; desde ellos se ha
habilitado un servicio de transporte hacia Okavango. También se puede
desplazar en avión o autobús desde Gaborone -a unos 600 km al sureste de
Maun- e incorporarse a un safari. La mejor forma de descubrir el delta
es en mokoro (piragua), conducido por guías experimentados con la ayuda
de pértigas. La época más agradable para visitar la zona se extiende de
julio a septiembre, cuando los niveles de agua son altos y el tiempo,
más seco.
Parque Nacional Chobe
Los 11.000 km² de superficie de Chobe albergan la mayor
variedad de formas de vida salvaje de Botswana. Kasane, en la
punta norte del parque, supone su puerta de entrada y centro
administrativo. La población en sí misma no ofrece muchas curiosidades,
pero representa un buen campamento base para efectuar visitas rápidas,
además de ser el lugar de llegada si se vuela hasta Chobe.
Para los turistas con escaso tiempo, resulta
imprescindible un paseo en barco o en coche por la orilla del río, donde
se congrega la mayoría de animales del parque. El principal atractivo lo
constituyen los 73.000 elefantes agrupados en manadas de más de
quinientos ejemplares y contemplar las consecuencias de su paso por la
zona: parece como si la hubieran bombardeado. También significa una
excelente oportunidad para contemplar leones, guepardos, hipopótamos,
búfalos, jirafas, antílopes, chacales, jabalíes verrugosos, hienas,
cocodrilos, nutrias, cebras y numerosas especies de aves.
La depresión de Mababe -un vestigio de un amplio lago que
antaño cubría el norte de Botswana- acoge otro de los grandes atractivos
del parque, los cenagales de Savuti. Su paisaje llano y abrupto
acoge una extensa fauna, en particular elefantes. Los leones, licaones y
hienas merodean alrededor de inmensas manadas de impalas, ñus, búfalos y
cebras, así como de una cantidad inimaginable de antílopes. Ngwezumba
no posee las hordas de animales que habitan en el margen de Savuti, pero
las cuencas de arcilla y los bosques de mopane de la zona acogen a
búfalos, elefantes y algunas especies de antílopes, como el raro oribi.
Kasane, el punto más septentrional del país, se halla a
unos 800 km al norte de la capital. Se puede volar hasta allí desde Maun,
Gaborone o las cataratas Victoria, y parten autobuses de Nata, a unos
250 km al Sur. Una vez allí, el viajero necesitará un vehículo
todoterreno para efectuar excursiones por la zona. Existen campings y
otros alojamientos en muchas áreas del parque.
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