Situada en el medio del Mar
Mediterráneo, la Isla de Cerdeña, con sus 1.800 kilómetros aproximadamente de
costa, es uno de los destinos más populares para los amantes de los
deportes náuticos y de las vacaciones en la playa, no sólo por su
belleza natural y posición geográfica, sino también por su historia.
Las numerosas oleadas de
invasores que asediaron y colonizaron Cerdeña durante miles de años
de historia de Cerdeña vinieron del mar. Por esta razón los
habitantes de Cerdeña hasta muy recientemente nunca han amado el
mar, y construyeron muy pocas casas a lo largo de la costa. Los
pueblos más importantes fueron construidos durante el período de
dominación romana, y antes de esto durante la dominación
fenicio-púnica. Algunos ejemplos son: Karalis (Cagliari, la capital
de Cerdeña), Nora, Tharros, Olbia y Turris Libissonis (Porto Torres)
en la costa norte de Cerdeña.
Durante los últimos años de este
2º milenio, la importancia tanto del mar como de la costa ha
aumentado. Esto se debe en parte al reciente descubrimiento del
turismo, que empezó a finales de 1950, y en parte también al
desarrollo de ciertas partes de la economía relacionadas con el mar,
como la pesca y el transporte.
No es ni una coincidencia ni una
moda que hoy en día Cerdeña sea el destino preferido de muchos
turistas. El mar alrededor de esta gran isla mediterránea (en
segundo lugar después de Sicilia en cuanto a tamaño de entre todas
las islas mediterráneas) está entre los más hermosos y transparentes
de todo el mundo. De hecho, D.H. Lawrence en su famoso libro El
mar y Cerdeña escribió que Cerdeña era una tierra como ninguna
otra, y el escritor de Cerdeña, Marcello Serra, tituló uno de sus
libros más famosos Cerdeña: casi un continente, con el fin de
subrayar singularidad de los paisajes de Cerdeña y las diferencias
abismales entre las diferentes regiones de la isla, lo que hace a
Cerdeña parecer todo un continente.
Viajando por la isla se puede
apreciar la singularidad de Cerdeña. Uno pude admirar desde el mar
no sólo las largas playas de arena fina, sino además rocas de
traquitas, colinas calcáreas, paredes rocosas de granito y oscuras
masas de esquistos. Pasear por la naturaleza, el inconfundible aroma
de la macchia mediterránea (matorral mediterráneo), que caracteriza
y está siempre presente en la mayoría del paisaje de Cerdeña. El
viento lleva el aroma de la mirra, madrollo, el romero y el enebro
salvaje, llenando la casa de aire dulcemente perfumado.
Estas fragancias son un
aliciente para organizar excursiones hacia el interior para conocer
Nuraghe, o simplemente para intimar con la gente del pueblo.
De hecho, la gente de Cerdeña es
bien conocida por su hospitalidad espontánea, y como cualquier
isleño, por su sed de contacto con el mundo exterior.
La gente que visita Cerdeña
descubre no sólo uno de los lugares más hermosos y originales del
mundo, sino que además disfruta de unas vacaciones inolvidables.
Cerdeña ofrece a los visitantes un sinfín de especialidades
gastronómicas muy antiguas procedentes ya bien de la cocina
tradicional de los pastores o de las especialidades de pescado y
marisco de la costa. Cerdeña es rica tanto en artesanía como en
arte. Sus alfombras, cestas, cerámica y sus joyas de oro son únicas
y de una calidad insuperable.
CERDEÑA. LA COSTA VERDE
Cerdeña. Por el oeste de l isla
De Alghero, al noroeste, parte una interesante
ruta que siempre mira al mar
Alghero
está situada en una península y es la más bella ciudad de
Cerdeña. Fue fundada por los genoveses, conquistada por los
aragoneses en 1353 y poblada posteriormente por colonos procedentes
de Barcelona y Valencia. Incluso hoy, el dialecto hablado en Alghero
es muy parecido al catalán y la paella es un plato típico. Cuando
camines por sus estrechas calles empedradas, con la ropa tendida
revoloteando sobre nuestras cabezas, la vieja ciudad amurallada te
recordará al barrio gótico barcelonés.
Alghero está hecha para disfrutar del descanso, la buena comida y
las compras. Empieza el día en el Café Costantino,
en Piazza Civica. Hoy, éste es un apacible lugar,
con el bello palacio gótico de Albis y un pequeño
mercado de artesanos que abre sus puertas los fines de semana.
Enfrente del café puedes disfrutar del apetitoso aroma que despide
Ghiotto (nº 23), una espléndida tienda de delicatessen
repleta de panes locales, aceites de oliva, vinos, jamones y quesos
pecorino.
La Via Carlo Alberto parte de la plaza y nos
adentra en la tentación. Esta calle (al igual que la Vía Roma, con
la que se cruza) está salteada de joyerías y boutiques, muchas de
ellas especializadas en coral. Roberto Coghene (Arte Orafa, nº 17)
es joyero desde hace 20 años. Sus piezas se basan en motivos
antiguos.
La zona de Alghero siempre ha sido conocida como
la Costa del Coral, pero hoy su extracción está
rigurosamente controlada. La mayor parte de los corales mostrados en
las tiendas locales procede de los alrededores de Nápoles. En las
proximidades se encuentra la iglesia de San Michele,
con su bellísima cúpula policroma y el claustro de San Francesco. Si
eres goloso, no olvides visitar La Dispensa (Vía
Carlo Alberto, 65), donde podrás saborear el turrón de almendra
recién elaborado por la familia Floris.
De vuelta a Alghero, el Caffè Latino, en el
Bastini Magellano, es el lugar para disfrutar de la caída
de la tarde o del primer aperitivo de la noche. A continuación, nada
mejor que un agradable paseo alrededor del Baluarte
que protege a ciudad, para saborear después con apetito una
deliciosa cena en Il Pavone, convenientemente situado en el otro
extremo del paseo, en Piazza Sulis, 3-4.
Con Alghero como base, puedes realizar excursiones
más largas: a Sassari, por ejemplo, con su
museo arqueológico y el festival Calvalcata
cebrado en mayo; o a la península de Stintino, con
sus blanquísimas playas y los restos de la vieja industria del atún.
Por su parte, las minas abandonadas de zinc y plata de Argentiera
ejercen una escalofriante fascinación. O también puedes encaminarte
hacia el sur, en dirección a Bosa (también
accesible en el mismo día).
Las panorámicas carreteras costeras atraviesan laderas cubiertas de
plantas multicolores. Gran parte de la costa es rocosa y
traicionera, pero encontrarás buenas playas en La Speranza y
Cape Marargiu. Bosa parece olvidada por el tiempo, ignorada
por el turismo de masas. Posee una bella playa protegida
en el poco cuidado centro turístico de Bosa Marina,
pero su centro histórico se encuentra a 2 km tierra adentro, en las
orillas del Temo, erigido en las laderas de una pronunciada colina
que rodea al Castello Malaspina, construido en el
siglo XII. Fue diseñada como ciudad real bajo la dominación de los
españoles y es famosa por su vino Malvasía y sus
encajes.