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China

 
 

China no es un país, sino un mundo diferente. Desde sus metrópolis consumistas a sus épicas tierras de pasto de Mongolia central, con sus desiertos, cumbres sagradas, cuevas o ruinas imperiales, toda ella es una tierra de cismas culturales y geográficos. No es sólo que China haya abolido su pasado maoísta; es que el yin del ardor revolucionario se ha equilibrado con el yang del pragmatismo económico, y la vieja guardia comunista está dando paso a una nueva generación.

Es una tierra de elevadas montañas y paisajes épicos, telón de fondo de la caída de dinastías, del ascenso al poder de emperadores y del viraje revolucionario. A menos que se disponga de un par de años y de paciencia ilimitada, lo mejor es centrarse en un itinerario relajado, como por ejemplo de Pekín al Tíbet, sin olvidar la visita a los guerreros de terracota de Xi'an, seguir la Ruta de la Seda, navegar río abajo por el Yangzi o explorar el paisaje de la provincia de Guangxi descrito por el Dr. Seuss.

 

Pekín

Como capital del país, Pekín ensombrece al resto de China. Independientemente de la hora marcada por los meridianos, la suya es la hora oficial que siguen todos. El dialecto de la ciudad, el putonghua, se habla por todo el país, e incluso lugares tan remotos como el Tíbet y ürümqi se ven obligados a dirigirse al gobierno central para solucionar cualquier asunto. Pekín es en realidad la pieza clave de la República Popular China, con largos y rectos bulevares entrecruzados por carriles. Los focos de interés localizados en las avenidas son fáciles de encontrar, pero los que se encuentran escondidos en las callejuelas adyacentes son prácticamente imposibles de hallar. El corazón de la ciudad fue en un tiempo un recinto amurallado y aún conserva su antigua simetría, basada en un eje que la cruza de Norte a Sur y que atraviesa la entrada principal de Qianmen.

Shanghai

Tachada de ser La prostituta del Este, El París de la China o La perla de Oriente, Shangai simboliza desde hace mucho el abuso de Occidente sobre Oriente. En los años posteriores a 1949, su llamativo pasado y su aspecto extranjero supusieron una mancha permanente para la mentalidad de la República Popular China. La ciudad está dividida en dos por el río Huangpu, y la mayoría de los lugares de interés se encuentran en Puxi. Se dice que en la ciudad habitan la mitad de las grullas del mundo y, a juzgar por la imagen de su horizonte, esta afirmación debe ser cierta. La mejor época para visitar la ciudad es el otoño y la primavera, ya que el invierno y el verano soportan temperaturas extremas. Shangai se encuentra a 15 horas en tren de Pekín.

Hong Kong

El dinamismo que desprende Hong Kong es difícil de olvidar. Desde el ventajoso emplazamiento del pico de la Victoria, se divisa el puerto más bullicioso del mundo y una ciudad no sólo destinada a hacer dinero, sino también una ciudad que disfruta haciéndolo. Por la noche, es como asomarse a un volcán. A pesar de su pasado colonial, Hong Kong ha estado siempre apegada a sus raíces, y la cultura que se esconde bajo tanta ostentación es puramente china. Esto no evitó, sin embargo, que sus ciudadanos se sintieran un tanto recelosos con la idea de la reunificación de la ciudad con China tras la devolución británica en 1997, sentimiento que hoy en día prácticamente se ha erradicado. Los visitantes requieren unos cuantos días en Hong Kong para acostumbrarse a su ritmo de vida vertiginoso. Si se necesita un respiro, se recomienda visitar las islas Outlying, un completo cambio de tiempo y escenario. El viaje en tren desde Pekín dura 30 horas. Obviamente, el avión es más rápido, pero el precio del billete sería tan elevado como el de un viaje entre Hong Kong y Los Ángeles.

Xi'an

Xi'an fue en su día un importante cruce de caminos de las rutas comerciales entre China oriental y Asia central; incluso hubo un tiempo en que rivalizó con Roma y, más tarde, con Constantinopla, por el título de la ciudad más poderosa del mundo. Hoy en día es uno de los principales puntos de interés, en parte debido al ejército de guerreros de terracota descubierto en las afueras, al este de la urbe. Las excavaciones se iniciaron en 1974, y hasta la fecha se han clasificado más de diez mil figuras. Enterrados en panteones, se han hallado soldados, arqueros portando armas reales y carros en formación de batalla, con un aspecto tan fiero y real como la cerámica pueda permitir. Otros de los atractivos de la localidad son sus murallas, el barrio musulmán y el pueblo neolítico de Banpo, una recreación de la Prehistoria. Xi'an se encuentra a 16 horas en tren de Pekín. Si se dispone de dinero en metálico, un vuelo cuesta alrededor de 120 dólares.

Macao

Desde que los primeros galeones portugueses arribaron a su costa en los albores del siglo XV, la ciudad de Macao se ha convertido en un memorable lugar de encuentros de culturas. Su símbolo es San Pablo, la espectacular y desmoronada fachada de una catedral diseñada por un italiano, edificada por japoneses para uso de los portugueses y casi destruida por un tifón chino. Desde el monte Fort, se disfruta de unas bellas vistas de esta compacta urbe, y en el fuerte Guia se puede visitar una rústica capilla del siglo XVII y el faro más antiguo de la costa china. El lugar de culto con más con más solera, aún activo, es el templo Kun Iam, con más de cuatrocientos años de antigüedad, dedicado a la reina del cielo y diosa de la piedad. A todo esto hay que añadir una fantástica combinación de cocina portuguesa y china, una ajetreada vida nocturna, centrada en el casino, y un entramado de calles adoquinadas y plazas sombreadas, el antídoto perfecto para reponerse de Hong Kong y del resto del país. Macao se encuentra a 65 km por mar de Hong Kong.

Nanjing

En un país donde las capitales de provincia rara vez brillan por su belleza, resalta la ciudad de Nanjing. Aún conserva sus amplios bulevares y sus frondosos árboles, lo que se agradece, teniendo en cuenta el calor agobiante del verano que hace que Nanjing sea conocida como uno de los tres hornos de China. Sus años dorados transcurrieron bajo la dinastía Ming, período del que se conserva multitud de restos. Entre los más destacados, se halla la muralla Ming, de 33 km de longitud, la más larga del mundo jamás construida, de la que se conservan dos terceras partes. En las colinas encaramadas al este de la urbe se alza el mausoleo de Sun Yatsen, considerado tanto por los comunistas como por el partido Kuomintang como el padre de China. A esta ciudad se puede acceder en tren, autobús y avión. Está situada a unos mil kilómetros de la capital.

Taishan

Taishan (o Daishan) es la más venerada de las cinco montañas sagradas taoístas del país. Desde los albores de la historia china, poetas, escritores y pintores han hallado en ella una fuente de inspiración y han alabado su belleza. En la actualidad, debido al hecho de que es la atracción más visitada, resulta complicado encontrar un momento de paz para disfrutar de ella, pero por fortuna el tirón de su leyenda, religión e historia es tal que merece la pena la subida en teleférico. Para ascender a Taishan hay que subir seis mil escalones. El sorprendente número de puentes, árboles, torres, estatuas, piedras inscritas, cuevas, pabellones y templos que jalonan la ruta central del ascenso hacen que el camino sea más llevadero.

No muy alejada de la montaña, se emplaza la ciudad de Qufu, lugar de nacimiento de Confucio (551-479 a.C.). Su templo se compone de una serie de puertas impresionantes, conjuntos de pinos y cipreses enroscados, estelas y lápidas grabadas con los sucesos de la antigüedad. Uno de los pabellones data de 1190, y se dice que uno de los árboles de enebro que allí existen fue plantado por el mismo Confucio (aunque se corre el riesgo de que uno de los aforismos de Confucio sobre la credulidad caiga sobre uno si se cree esta historia). La parte central del complejo es el salón Dacheng de baldosas amarillas. Las mansiones de Confucio datan del siglo XVI y constituyen los aposentos aristocráticos más suntuosos de China, claros indicadores del poder de la familia Kong, descendiente de Confucio. La urbe creció en torno a estos edificios y formaba un estado autónomo administrado por los Kong. Al norte de estas mansiones se extiende el bosque de Confucio, el parque artificial de mayores dimensiones y el cementerio mejor conservado de China. La ruta hacia la tumba del Gran Sabio traza un camino espiritual de antiguos cipreses que cruzan el arco de la Eterna Primavera. La cercana ciudad de Tai'an está a nueve horas en tren de Pekín, y un servicio regular de autobuses sube a la montaña.

Turpan

Turpan se encuentra 180 km al sureste de Ürümqi, a 154 m por debajo del nivel del mar, lo que la convierte en la segunda depresión más baja del mundo tras el mar Muerto de Israel. También es el lugar más cálido de China, ya que durante el verano el termómetro alcanza los 50°C. La cultura uighur es todavía próspera en este lugar, sumamente tranquilo. El coste de la vida no es elevado, la comida es buena, la gente agradable, el bazar fascinante y, además, hay varios puntos de interés salpicados por la zona. A no mucha distancia, se encuentran las ruinas Gaochang, uno de los principales puestos de estacionamiento de la Ruta de la Seda; las montañas Llameantes, que parecen arder bajo el sol de mediodía; y la clínica de terapia con arena, donde los enfermos reumáticos se dejan enterrar en arena hasta el cuello. Para llegar a Turpan, primero hay que tomar un avión hasta Ürümqi o un tren. Desde esta ciudad, sale un autobús regular hacia Turpan. El viaje dura cuatro horas.

Autovía de Karakoram

La autovía sobre el puerto de Khunjerab (4.800 m) es la entrada a Pakistán, que durante siglos fue utilizada por las caravanas que seguían la Ruta de la Seda. Khunjerab significa valle de sangre, una referencia a los bandidos locales que se aprovechaban de la orografía del terreno para saquear las caravanas y asesinar a los comerciantes. Se necesitaron cerca de veinte años para completar los trabajos de construcción de la actual carretera que une Islamabad y Kashgar, durante los cuales perdieron la vida más de cuatrocientos trabajadores. Los servicios en ruta están siendo mejorados ostensiblemente, pero se aconseja llevar ropa de abrigo, comida y bebida, por si acaso. Incluso si no se pretende cruzar a Pakistán, la ocasión merece una visita a Tashkurgan desde Kashgar, ya que el paisaje es asombroso: extensiones de pasto en altas montañas donde pacen camellos y yacs que son cuidados por tajiks que habitan en cabañas.

Actividades

La bicicleta es el símbolo oficioso de China; con más de 300 millones en circulación, no habrá problema para alquilar desde un antiguo y desvencijado modelo local hasta una bicicleta de montaña con velocidades. Incluso en las ciudades que no reciben la visita de muchos turistas existen tiendas de alquiler para los propios chinos de paso por la ciudad. Las rutas ciclistas cuentan con gran aceptación en el país; por ello, muchas agencias de viaje, tanto chinas como occidentales, ofrecen entre sus programas excursiones con diversos circuitos. Acampar a lo largo de la ruta ciclista es también una opción, siempre que se encuentre un hueco libre.

Si no fuera por la cantidad de permisos exigidos, habría una gran avalancha de visitas al país para practicar el alpinismo, el descenso de rápidos, el ala delta y otros deportes de aventura. En vez de eso, lo más probable es encontrar montañas desiertas. Al menos los senderistas pueden ir por el país sin necesidad de permisos, ya que no requieren de mucho equipo. Las posibilidades de realizar senderismo para personas más preparadas físicamente se limitan a los senderos acotados con barandillas, con escalones y plagados de puestos ambulantes y de restaurantes. La solución es ir por debajo de la superficie y hacer divertidas excursiones a cuevas, en especial en las provincias del suroeste del país, aunque para ello haya que empaparse y ensuciarse.

En Mongolia central y en los desiertos que rodean Dunhuang (provincia de Gansu), los paseos en camellos son usuales. Dedicar el día a montar a caballo por las colinas de Xinjiang y por la zona oeste de Pekín puede ser también una actividad interesante. El invierno brinda la opción de practicar patinaje sobre hielo en la zona de lagos de Pekín, además del esquí (descenso y esquí de fondo) en las provincias del noroeste del país. A los occidentales con un número de pie grande se les recomienda llevar sus propias botas de esquí.

Otra actividad más relajada es la del taichi, una popular forma de ejercicio de movimientos lentos que se practica en casi todos los parques del país a primera hora de la mañana y en la que los principiantes siempre son bienvenidos. Para ejercitar el cerebro, se recomienda alguno de los cursos que organizan la mayoría de las universidades para estudiantes extranjeros; entre sus asignaturas ofrecen lengua china, medicina china, acupuntura, pintura con pincel y música.

 

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