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Cícladas (Islas Griegas)

Estas islas exhiben la imagen idílica más conocida de las islas griegas: el blanco deslumbrante de las casas encaladas contrasta con el azul brillante de las cúpulas de las iglesias, mientras que las playas de arena dorada lindan con un mar de color aguamarina. Algunas de las Cícladas, como Miconos, Santorini, Paros e Ios se han decantado por potenciar la industria turística; otras, como Andros, Cea, Serifos y Sicinos, no suelen ser tan visitadas por los extranjeros, pero constituyen uno de los destinos favoritos para los veraneantes atenienses.

Miconos, desértica y poco accidentada, es una de las islas helenas más caras y más visitadas. Posee una vida nocturna cosmopolita y es la indiscutible capital gay de Grecia. Muchas otras ínsulas la superan en belleza, pero Miconos posee magníficas, aunque atestadas, playas. La ciudad es un encantador laberinto de elegantes comercios y casas irreales con balcones pintados de colores, llenos de buganvillas y clemátides; para algunos resulta demasiado perfecta.

 

Muchos visitantes califican a Santorini (oficialmente Thera) como la más espectacular de las islas griegas. Cada año acuden millares de turistas para admirar la caldera (un cráter sumergido), vestigio de lo que probablemente fue la mayor erupción volcánica del mundo. A pesar de las multitudes que la visitan en verano, la singularidad que le confieren sus playas de arena negra y sus imponentes acantilados otorga a Santorini un atractivo especial.

Si se prefiere escapar de las aglomeraciones de turistas, Sicinos, Anafi y las diminutas islas situadas al este de Naxos ofrecen cierto respiro.

Sosúa (República Dominicana)

Sosúa es algo más que otra urbe de playas paradisíacas, donde su atraso en concepto de infraestructuras se ve contrarrestado por sus extensas costas de arena y cocoteros. Perduran enclaves idóneos para quienes deseen tomar el sol o degustar las delicias de un buen restaurante y disfrutar de su animada vida nocturna, pero muchos desconocen la interesante historia de esta comunidad.

La zona al completo perteneció a United Fruit hasta finales de la década de 1920, cuando el dictador Rafael Trujillo compró el terreno por un módico precio y obtuvo pingües beneficios al venderlo a organizaciones judías estadounidenses. Estos grupos adquirían tierras para los hebreos que huían de Europa Central ante el creciente antisemitismo. En 1940, unas trescientas cincuenta familias judías se trasladaron a la localidad y dedicaron varios años a desarrollar un producto agrícola que pudiera prosperar bajo el clima tropical y sobrevivir al largo trayecto por tierra hasta Santo Domingo. Criaban ganado para obtener leche, queso, salchichas y otros productos; con los beneficios, construyeron un sistema de distribución. Pero en la década de 1960, los campesinos se apropiaron ilegalmente de las tierras de cultivo, inutilizándolas para el pastoreo. La policía se negó a ayudar a la comunidad hebrea, y la mayoría optó por emigrar a EE UU o Israel. En la actualidad únicamente permanecen algunas de estas familias, pero si se desea obtener una rápida visión de su fascinante historia se puede visitar el Museo de la Comunidad Judía, antes o después de broncear la resaca junto a las aguas claras y brillantes (también ideales para el buceo, por cierto).

Las islas Fiji eran conocidas como las "islas caníbales", ya que se creía que sus gentes eran feroces y hostiles. Por desgracia, su reciente historia política de golpes de Estado no ha contribuido a que muchos viajeros cambien de idea. A pesar de todo, las islas Fiji son un lugar precioso que goza de un agradable clima tropical. En ellas se puede disfrutar de la práctica de diversas actividades, como el submarinismo y el buceo con snorkel; además, disponen de excelentes instalaciones turísticas, tanto para los viajeros con presupuesto reducido como para los que buscan unas vacaciones más lujosas.

La historia de las islas es única en el espectro del Pacífico, lo que ha dado lugar al actual crisol de influencias melanesias, polinesias, micronesias, indias, chinas y europeas. Durante casi cincuenta años, hasta el golpe militar de 1987, el pueblo indígena de las islas Fiji representaba tan sólo una minoría étnica en su propia tierra. Durante el siglo XIX, las islas se convirtieron en el centro comercial del Pacífico Sur y, en 1874, fueron reclamadas por los británicos como colonia. En el transcurso de los cien años que aproximadamente las islas Fiji permanecieron bajo el control del gobierno colonial británico, unos diez mil trabajadores indios fueron contratados para trabajar en las plantaciones de azúcar. A pesar de todo, los indígenas fijianos consiguieron mantener sus ritos y prácticas tradicionales, como las mekes (danzas narrativas), las construcciones de bure (casa), las ceremonias de kava y la elaboración de tejidos tapa y de cerámica.

 

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