El país que exportó el drama, la
tragedia y la democracia puede presumir de un legado sin parangón.
Desde la contaminada Atenas hasta las deslumbrantes islas, posee
tantos vestigios del pasado que su enumeración podría ser
interminable: el santuario considerado el ombligo del mundo en
Delfos, la galería de columnas semiderruidas en la isla sagrada de
Delos, los palacios minoicos de Creta e incluso lo que algunos
consideran los restos de la Atlántida en Santorini.
Los griegos son férreos celadores de
la tradición, pero ello no significa que no sepan cómo divertirse;
su propensión al disfrute se remonta a Dionisios. Por otra parte,
la canícula y las aguas límpidas convierten a Grecia en un destino
idóneo para distenderse; ya sea cenando en una taberna junto al
mar, tomando un café en una sombreada plazoleta o bailando en una
discoteca hasta el amanecer, existen muchas posibilidades de que
los dioses hechicen al visitante.
Turismo en Grecia
Grecia se destaca como destino turístico por sus playas y su
historia. Los amantes del mar encontrarán en Grecia verdaderos
paraísos: la península de Casandra, en la región de Macedonia, con
sus bosques de pinos, interminables playas de arena blanca y aguas
cristalinas; el golfo de Volos, punto de encuentro del monte
Pelión (Pilion) con el mar, donde montaña, bosques, playas y mar
se combinan para dar lugar a un paisaje de ensueño; la costa del
Peloponeso entre Pilos y Kiparisia, con sus hermosas playas sobre
el mar Jónico; la isla de Milos (una de las Cícladas), con sus
playas y sus montañas coloridas; y la isla de Corfú (Kerkira o
Kerkyra), que reúne numerosas playas, muchas de ellas vírgenes.
Quienes deseen visitar sitios históricos se verán desbordados por
la superabundancia de lugares de altísimo valor, entre ellos: el
templo de Apolo en Delfos; Olimpia (cuna de los juegos olímpicos);
las murallas de Micenas; y la Acrópolis de Atenas. Un caso
especial lo constituye la región sagrada del monte Athos, en la
península de Halkidiki, pues éste es el único estado monástico del
mundo, con 1.000 monjes ortodoxos repartidos en 20 monasterios; a
ella tienen prohibido el acceso las mujeres y sólo pueden llegar
hombres movidos por una inquietud religiosa o de investigación.
Qué ver en Grecia
Atenas
El glorioso pasado de la capital griega la sitúa a la altura de Roma y
Jerusalén, pero pocos se enamoran de la Atenas moderna a causa de
la sempiterna presencia del nefos (contaminación) y los
elevados bloques de apartamentos que se construyeron
apresuradamente para alojar a los refugiados venidos de Asia Menor
durante los intercambios de población con Turquía en 1923. Sin
embargo, más allá de la capa de cemento armado subyace una especie
de encanto desvencijado. En la mayor parte de las casas, en cada
balcón o ventana, lucen innumerables geranios, y muchas de las
calles y plazas del centro están arboladas con naranjos. Atenas es
una curiosa mezcla de Oriente y Occidente; sus roncos vendedores
callejeros y sus pintorescos mercados son una reminiscencia de los
bazares turcos, mientras que las desmoronadas mansiones
neoclásicas del breve período de apogeo de la ciudad le han valido
el sobrenombre de "París del Mediterráneo".
La Acrópolis, coronada por el Partenón, se alza como un centinela
por encima de Atenas, y es visible desde prácticamente todos los
puntos de la urbe. Pericles inició la transformación de esta zona
en una ciudad repleta de templos después de que, en 510 a.C., el
oráculo de Delfos dictaminara que sólo sería habitada por los
dioses. Sus colosales edificios estaban fastuosamente decorados, y
sus gigantescas estatuas se elaboraron bien en bronce, bien en
mármol chapado en oro y con incrustaciones de piedras preciosas.
La fría grandeza del mármol desnudo, ahora en ruinas, sigue
cortando la respiración. Junto al Partenón, insuperable por
su gracia y armonía, se halla el Erecteón, reconocible de
inmediato debido a sus más que fotografiadas cariátides, las seis
doncellas que ocupan el lugar de las columnas. El teatro de
Dionisios, donde los ciudadanos se alternaban en el coro de
las tragedias griegas, se encuentra en la ladera sur de la
Acrópolis.
En la vertiente noreste permanece el viejo barrio de Plaka, que en
realidad era todo lo que existía de Atenas antes de que fuera
declarada capital de la Grecia independiente. Sus angostas y
laberínticas calles conservan buena parte de su encanto, a pesar
de ser la zona turística por excelencia de la ciudad griega.
Cercada por el margen de Plaka se halla la antigua Ágora,
centro de la vida política y económica de la antigua Atenas. Entre
las visitas de interés también sobresale el Museo Arqueológico
Nacional, que alberga magníficos objetos micénicos de oro y
espectaculares frescos minoicos de Santorini (Thera), entre otras
antigüedades. Destaca asimismo el Museo Goulandris de Arte
Cicládico y Griego Antiguo, con una colección de elegantes
figuritas de mármol que influyeron en el estilo de Modigliani,
Brancusi y Picasso.
Plaka es el zona más popular para alojarse, y algunos de sus hoteles más
económicos permiten dormir en el tejado durante el verano. Es
recomendable reservar por adelantado si se quiere viajar a Atenas
entre julio y agosto, ya que la ciudad se convierte en un
hervidero de turistas.
El nombramiento de esta ciudad como sede olímpica de 2004 ha impulsado
notablemente el desarrollo urbano, especialmente en las
infraestructuras.
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Partenón -
Atenas - Grecia |
Peloponeso
Esta península meridional de Grecia posee una extraordinaria riqueza
histórica y una gran diversidad de paisajes. Concentrados en su
extremo nororiental se hallan los recintos arqueológicos de
Epidauro, Corinto y Micenas, a los que se puede
llegar con facilidad desde Nauplio. Mistra, la
última ciudad bizantina, se encarama en las laderas del monte
Taigetos; sus tortuosos caminos y escaleras desembocan en palacios
desiertos e iglesias adornadas con frescos, todos ellos muy bien
conservados.
Al sur de la península se ubica la región del Mani. Está formada
por áridas montañas y paisajes yermos, animados tan sólo por
austeras e imponentes torres de piedra, abandonadas en gran parte
pero que siguen vigilando como centinelas toda la región. Otros
focos de atención turística son la antigua Olimpia, la
hermosa ciudad medieval de Monembasia y el emocionante
trayecto en el tren de cremallera Diacofto-Caláurita, que
sube y baja como una montaña rusa a través de la profunda garganta
de Buraico.
Meteora
Los monasterios de Meteora, en la provincia de Tesalia, son uno de los
puntos turísticos más extraordinarios de la Grecia continental.
Construidos en el interior y en la cumbre de enormes pináculos de
roca lisa, proporcionaron a los monjes refugios seguros ante las
matanzas cada vez más generalizadas del imperio bizantino, que
desapareció a finales del siglo XV. A las construcciones más
antiguas se llegaba a través de empinadas escaleras de mano
articuladas y desmontables. Con posterioridad, se accedía por
medio de cabrestantes que permitían transportar a los monjes en
redes, un método empleado hasta la década de 1920. A los
visitantes aprensivos que preguntaban con qué frecuencia se
cambiaban las cuerdas se les respondía: "Cuando el Señor deja que
se rompan". En la actualidad, la entrada a los monasterios se
realiza gracias a escalones labrados en las rocas, y los
cabrestantes se utilizan únicamente para transportar las
provisiones.
Cícladas
Estas islas exhiben la imagen idílica más conocida de las islas griegas:
el blanco deslumbrante de las casas encaladas contrasta con el
azul brillante de las cúpulas de las iglesias, mientras que las
playas de arena dorada lindan con un mar de color aguamarina.
Algunas de las Cícladas, como Miconos, Santorini,
Paros e Ios se han decantado por potenciar la industria
turística; otras, como Andros, Cea, Serifos y
Sicinos, no suelen ser tan visitadas por los extranjeros,
pero constituyen uno de los destinos favoritos para los
veraneantes atenienses.
Miconos, desértica y poco accidentada, es una de las islas helenas más caras y
más visitadas. Posee una vida nocturna cosmopolita y es la
indiscutible capital gay de Grecia. Muchas otras ínsulas la
superan en belleza, pero Miconos posee magníficas, aunque
atestadas, playas. La ciudad es un encantador laberinto de
elegantes comercios y casas irreales con balcones pintados de
colores, llenos de buganvillas y clemátides; para algunos resulta
demasiado perfecta.
Muchos visitantes califican a Santorini (oficialmente Thera) como
la más espectacular de las islas griegas. Cada año acuden millares
de turistas para admirar la caldera (un cráter sumergido),
vestigio de lo que probablemente fue la mayor erupción volcánica
del mundo. A pesar de las multitudes que la visitan en verano, la
singularidad que le confieren sus playas de arena negra y sus
imponentes acantilados otorga a Santorini un atractivo especial.
Si se prefiere escapar de las aglomeraciones de turistas, Sicinos,
Anafi y las diminutas islas situadas al este de Naxos
ofrecen cierto respiro.
Creta
La mayor isla de Grecia ostenta el dudoso honor de acoger a una cuarta
parte de los visitantes del país. A pesar de todo, aún es posible
encontrar cierta paz en la menos explotada costa oeste, en su
montañoso e inhóspito interior, y en las poblaciones de la meseta
de Lassithi. Creta fue el centro de la cultura minoica, la primera
civilización avanzada de Europa, que se desarrolló entre los años
2800 y 1450 a.C. El palacio de Cnosos, situado en las
afueras de la capital, Heraklión, es el yacimiento minoico más
relevante de la isla. Mientras que Heraklión es un caótico
hormiguero, Cania y Retimno, otras ciudades
importantes, presentan una notable profusión de hermosos edificios
venecianos. Paleocora, en el suroeste, fue descubierta por
los hippies en la década de 1960, y a partir de aquel momento dejó
de ser una tranquila aldea de pescadores, aunque sigue siendo un
lugar apacible, frecuentado por mochileros. Muchos viajeros
pasean a lo largo de un día a través de los 18 km de las
gargantas de Samaria hasta alcanzar Hagia Roumeli, en
el litoral suroccidental. En la accidentada costa meridional se
hallan los pueblos de Loutro y Cora Esfacia, a los
que se accede en barco. El clima de esta zona costera es tan suave
que es posible bañarse desde abril hasta noviembre.
Dodecaneso
Este archipiélago, que se extiende a lo largo de la costa occidental de
Turquía, está situado mucho más cerca de Asia Menor que de la
Grecia continental. A causa de su posición estratégica y
vulnerable, estas islas fueron víctimas de una serie de invasiones
aún mayores que el resto del país; egipcios, Caballeros de San
Juan, turcos e italianos se fueron sucediendo como conquistadores.
Rodas es la mayor isla del Dodecaneso y su capital es la
población medieval habitada más grande de Europa. La avenida de
los Caballeros está bordeada de magníficos edificios, el más
impresionante de los cuales es el palacio de los Grandes Maestres,
restaurado como casa de veraneo de Mussolini, aunque nunca la
llegó a utilizar. La imponente acrópolis de Lindo comparte su
rocoso farallón con un castillo de la época de las cruzadas; bajo
la roca serpentean tortuosas callejuelas con sus casas encaladas y
muy decoradas.
Kos, Sime y Patmos son otras islas populares del Dodecaneso.
Las poco turísticas Lipsi y Tilos poseen fantásticas
playas poco frecuentadas, y las alejadas Agathonisi,
Castellorizo y Caso constituyen lugares estupendos para
experimentar la vida isleña tradicional. Esta última es una
pequeña formación rocosa situada justo al sur de Cárpatos, poblada
tan sólo por chumberas, olivos e higueras, muros de piedras,
ovejas y cabras. Es uno de los lugares menos visitados del
archipiélago.
Islas Jónicas
Este conjunto consta de siete islas principales: Corfú (conocida
como Kerkyra), Paxi, Cefalonia, Zacinto,
Ítaca, Léucade y Citera. Las Jónicas, alineadas
a lo largo de la costa griega occidental, componen el único
archipiélago griego que no está situado en el Egeo, y en muchos
aspectos recuerda más a la vecina Italia. Aparte de la minúscula
Meganisi, no hay ninguna "por descubrir", pese a lo cual, el
viajero que se aventure en su interior se verá recompensado por
los encantos de poblaciones que se mantienen intactas. Corfú, con
su seductor paisaje de flores silvestres y esbeltos cipreses que
se alzan sobre los bosques de olivares, está considerada por mucha
gente como la isla más bella de Grecia.
Islas del noreste del egeo
Siete son sus ínsulas principales: Samos, Quíos, Icaria,
Lesbos, Lemnos, Samotracia y Tasos.
Están separadas por enormes distancias, por lo que desplazarse de
una a otra resulta más complejo que en las Cícladas y el
Dodecaneso. Muchas son bastante extensas, y presentan caracteres
muy diferentes. La frondosa y húmeda Samos, lugar de nacimiento
del filósofo y matemático Pitágoras, posee montañas bordeadas de
colinas pobladas con pinos, sicomoros y robles. Samotracia,
con su forma oval, presenta maravillas naturales que culminan en
la imponente cima del monte Fengari (1.611 m), asomado a valles
arbolados con viejos robles y plátanos, densos olivares y oscuros
prados con cascadas que forman lagunas heladas y profundas.
Espóradas
Este archipiélago meridional, montañoso y poblado de pinos, está formado
por hay cuatro islas habitadas: Esciasos, Escopelos,
Alónnisos y Esciros. En las dos primeras la
industria turística se ha asentado con fuerza, no así en Alónnisos
ni Esciros. La oferta de Esciasos se reduce a sus excelentes
playas y su vida nocturna; el viajero que busque algo más, es
probable que la abandone de inmediato. Escopelos está menos
explotada, pero el turismo comienza a ser masivo. Posee algunas
calas cautivadoras, pero no suelen ser de arena, sino de
guijarros. Alónnisos permanece como un territorio tranquilo, en
parte porque la superficie rocosa imposibilita la construcción de
una pista de aeropuerto. En 1983 se creó un parque marítimo en sus
aguas, las más limpias del Egeo. Todas las casas poseen pozo
negro, por lo que las aguas de desecho no van a parar al mar.
Esciros es la isla menos explotada de las cuatro, y la mayoría de
sus visitantes son viajeros independientes.
Islas del golfo Sarónico
Las cinco ínsulas del golfo Sarónico son las más cercanas a Atenas, y
Salamis es, de hecho, un barrio periférico de la capital.
Egina, Hidra, Espetsas y Poros presentan
una sorprendente variedad arquitectónica y paisajística, pero
reciben un desmedido número de turistas y resultan caras. Hidra,
donde antaño se congregaban artistas, escritores y miembros de la
alta sociedad, actualmente está invadida por los veraneantes, pero
ha logrado conservar un aire de grandeza y preeminencia. Los
vehículos motorizados, incluidos los ciclomotores, están
prohibidos.
Zagoria
Situada al norte de Ioannina, la región de Zagoria está formada por unas
cuarenta y cinco poblaciones. Como en muchas zonas montañosas e
inaccesibles de Grecia, éstas mantuvieron un alto grado de
autonomía durante la invasión turca, por lo que su cultura y
economía prosperaron. Las casas fueron construidas con pizarra de
las montañas de los alrededores y sus callejuelas son empinadas,
sinuosas y están empedradas. Por desgracia, muchas se han
despoblado seriamente, y en la actualidad están habitadas, sobre
todo por ancianos.
Este territorio está densamente cubierto de abedules, arces, sauces y
robles; las montañas están pobladas por osos, lobos, jabalíes,
gatos salvajes y cabras monteses. Los pastores vlach y
sarakatsani viven todavía en un régimen seminómada,
conduciendo a sus rebaños hasta elevados terrenos de pasto en
verano y regresando a los valles en otoño. El Parque Nacional
Vikos-Aoös circunscribe gran parte de esta zona que, aunque es
popular entre los excursionistas, no se ha visto invadida por el
turismo de masas.
Cícladas Menores
Entre Naxos y Amorgos se encuentra una cadena de pequeñas islas llamadas
indistintamente Cícladas menores o pequeñas Cícladas. Sólo cuatro
de ellas están habitadas de forma permanente: Donousa,
Koufonisia, Heraclia y Shinousa. En la
antigüedad estuvieron densamente pobladas, como lo evidencia el
amplio número de tumbas que se han hallado; en la actualidad
residen en ellas unos pocos pastores, pero los visitantes atraídos
por sus playas son cada vez más. Pueden encontrase diversas
domatia (habitaciones de alquiler) así como tabernas, carentes
de lujo.
El Mani
Situada en el Peloponeso, la región del Mani se caracteriza por sus
montañas de roca gris con densas masas de maleza verde. La
población se jacta de su descendencia directa de los espartanos,
los bravos guerreros que optaron por retirarse a las montañas
antes que servir a los extranjeros. Hasta la independencia, los
habitantes de la región vivían en clanes capitaneados por
caciques. Debido a la escasez de tierra fértil, la enemistad
mortal entre las familias estaba a la orden del día, por lo que
éstas construían torres que utilizaban como refugios. Hasta hoy,
los griegos consideran a los maniotas como un pueblo ferozmente
independiente, monárquico y de derechas. El nombre de Areópolis,
la capital del Mani, procede, muy justamente, de Ares, dios de la
guerra. En las angostas calles adoquinadas de la ciudad vieja se
alzan altivas y vigilantes las toscas edificaciones en forma de
torre.
Las grutas de Diros, a 11 km al sur de Areópolis, estaban
habitadas por pueblos neolíticos y es posible que se extendieran
hacia el norte hasta Esparta. Los visitantes realizan un viaje en
barca por el río subterráneo a través de túneles e inmensas
cavernas repletas de estalactitas y estalagmitas. En el sur
sobresale el paisaje montañoso, sombrío y desértico, sólo
interrumpido por las imponentes torres, abandonadas en la
actualidad. Vathia, el más impresionante de los pueblos
tradicionales del Mani, destaca por sus casas en forma de torre
encaramadas en un elevado peñasco.
Isla de Gaudo
Situada en el mar de Libia, al sur de Creta, es el lugar más meridional
de Europa. La leyenda cuenta que en él la ninfa marina Calipso
mantuvo a Ulises cautivo cuando éste huía de la guerra de Troya.
Con sus tres pueblecitos y unas agradables playas, Gaudo es
perfecta para quien anhela visitar lugares aislados. No hay
hoteles, aunque muchos de sus habitantes alquilan dormitorios; por
otra parte, se tolera la acampada libre. Los pescadores de Gaudo
pueden acercar a los visitantes hasta la remota e inhabitada
Gaudopola.
Actividades
por sus montañas de roca gris con densas masas de maleza verde. La
población se jacta de su descendencia directa de los espartanos,
los bravos guerreros que optaron por retirarse a las montañas
antes que servir a los extranjeros. Hasta la independencia, los
habitantes de la región vivían en clanes capitaneados por
caciques. Debido a la escasez de tierra fértil, la enemistad
mortal entre las familias estaba a la orden del día, por lo que
éstas construían torres que utilizaban como refugios. Hasta hoy,
los griegos consideran a los maniotas como un pueblo ferozmente
independiente, monárquico y de derechas. El nombre de Areópolis,
la capital del Mani, procede, muy justamente, de Ares, dios de la
guerra. En las angostas calles adoquinadas de la ciudad vieja se
alzan altivas y vigilantes las toscas edificaciones en forma de
torre.
Las grutas de Diros, a 11 km al sur de Areópolis, estaban
habitadas por pueblos neolíticos y es posible que se extendieran
hacia el norte hasta Esparta. Los visitantes realizan un viaje en
barca por el río subterráneo a través de túneles e inmensas
cavernas repletas de estalactitas y estalagmitas. En el sur
sobresale el paisaje montañoso, sombrío y desértico, sólo
interrumpido por las imponentes torres, abandonadas en la
actualidad. Vathia, el más impresionante de los pueblos
tradicionales del Mani, destaca por sus casas en forma de torre
encaramadas en un elevado peñasco.
Isla de Gaudo
Situada en el mar de Libia, al sur de Creta, es el lugar más meridional
de Europa. La leyenda cuenta que en él la ninfa marina Calipso
mantuvo a Ulises cautivo cuando éste huía de la guerra de Troya.
Con sus tres pueblecitos y unas agradables playas, Gaudo es
perfecta para quien anhela visitar lugares aislados. No hay
hoteles, aunque muchos de sus habitantes alquilan dormitorios; por
otra parte, se tolera la acampada libre. Los pescadores de Gaudo
pueden acercar a los visitantes hasta la remota e inhabitada
Gaudopola.
La configuración montañosa de Grecia es idónea para el trekking;
entre las mejores zonas para su práctica destacan los frondosos
montes de Pindos, en Epiro, el Peloponeso y el suroeste de Creta.
El interior del país está atravesado por multitud de caminos, y
las carreteras adoquinadas bizantinas comunican la mayor parte de
los pueblos. Aunque la mayoría de las pistas forestales han
crecido excesivamente, muchos de los itinerarios populares se han
conservado en buen estado.
El viento
meltemi y la calmosa superficie del Egeo proporcionan
condiciones inmejorables para disfrutar del windsurf, el
deporte acuático más popular. Mientras que el buceo con tubo
se fomenta y su práctica está bien considerada en toda la costa
griega, la inmersión con escafandra está estrictamente prohibida,
a menos que se practique bajo los auspicios de una escuela de
submarinismo, a fin de proteger las antigüedades subacuáticas de
los pillajes. Grecia es uno de los lugares más económicos de
Europa para practicar el esquí, y posee unas veinte
instalaciones que proporcionan una atractiva alternativa al
ostentoso ambiente de los Alpes. El complejo más modernizado es el
del monte Parnaso, cerca de Delfos.