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Bora Bora (Tahití)

Bora Bora, Tahití
 

 

Tahití y Bora Bora son nombres que todos identificamos con playas paradisíacas de arena blanca y agua cristalina. ¡Y es cierto! Pero son mucho más que sol, playa y exóticas nativas... ¿se puede pedir más?

Junto con otras islas paradisíacas, forman parte de la Polinesia francesa, un lugar que ha seducido a escritores y artistas a lo largo del tiempo. Marlon Brando quedó tan impresionado por este lugar, que no sólo se casó con una tahitiana, sino que se compró el atolón de Tetiaroa, donde se retiró largas temporadas. Paul Gaugin eligió el archipiélago de las Marquesas para pasar el final de sus días, en una casa a la que llamó la ‘Maison de Jouir’. También fueron muchos los grandes exploradores, como el capitán Cook, que en el siglo XVII llegaron a estas islas y quedaron fascinados por una gente amable y desinhibida, todavía sin contaminar por la cultura occidental.
Aunque han pasado varios siglos, los polinesios siguen siendo uno de los pueblos más hospitalarios del Planeta. Cuando un viajero llega al aeropuerto es recibido con un collar de flores de tiara, que le será regalado al sonido del ukulele. Como prueba de la sinceridad de este gesto, el periódico local consagra diariamente dos paginas de fotos de la llegada de anónimos turistas.

 

Constelación de islas paradisíacas
La Polinesia francesa esta compuesta por 118 islas repartidas en cinco archipiélagos cuya superficie es tan grande como Europa: las Islas Sociedad, que incluyen los archipiélagos Windward (Tahití, Moorea y Tetiaroa) y Leeward (Huahine, Raiatea, Tahaa, Bora Bora y Maupiti), los más poblados y turísticos; el archipiélago de las Tuamotu, el archipiélago de Gambier, el archipiélago de las Australes y el archipiélago de las Marquesas.
En medio del gran océano Pacífico, esta constelación de islas posee un estatus privilegiado: suave clima tropical durante las cuatro estaciones, hoteles y balnearios de sueño, las mejores playas para el surf y el buceo, y una verdadera cultura maohí que suma encanto al atractivo turístico
.

En este edén puede practicarse cualquier tipo de deporte, desde surf a submarinismo, golf, escalada o equitación. En los hoteles y clubes de buceo te organizarán todas estas actividades y te facilitarán el material.
Para los buceadores, las islas que forman la Polinesia francesa son uno de los destinos míticos de buceo, especialmente por la preservación del ecosistema, que hace posible ver una gran variedad de especies animales y vegetales.
Tahití es una escala obligada antes de llegar a las inmersiones más prestigiosas: Moorea, Bora Bora, Fakarava y Huaine. En las Islas Sociedad las montañas, que continúan bajo el mar, te ofrecen enormes bancos de peces, empinadas laderas de arrecife cubiertas por flores de coral, medusas ‘gorgon heads’, restos de barcos hundidos...


Ocio, compras, gastronomía
Seamos sinceros, en un lugar tan paradisíaco como la Polinesia lo primero que te va a apetecer es descansar o surfear en sus alucinantes playas y disfrutar de todas las comodidades de sus magníficos hoteles, si es posible, en buena compañía. Una vez que te hayas cansado de esto, te quedará descubrir los encantos algo más escondidos de estas islas, a pie, en coche o barco de alquiler.
Si quieres disfrutar de una estancia menos convencional, te aconsejamos visitar las islas llamadas ‘bajo el viento’: Raiatea y Tahaa, así como Huahine, a unos 175 km de Papeete. La verdadera joya de este grupo de islas es, por supuesto Bora-Bora, rodeada de una sublime laguna. Un poco mas allá del horizonte, en el archipiélago de los Tuamotu, se encuentra Rangiroa, un paraíso para el buceo con numerosas granjas de perlas amarradas a los atoles, sus emblemáticas coronas de arrecifes de coral. En Tahití también encontrarás lujosos jardines e interesantes museos. Moorea es la isla más espiritual, y una de las zonas arqueológicas más ricas de la Polinesia. Ideal para salir a descubrir los templos o maraes ocultos entre la exuberante vegetación.


Joyas de jade, collares de conchas...
El mejor souvenir que un viajero se puede llevar de la Polinesia, especialmente de las Marquesas, es un tatuaje tradicional. Algo más tranquilo, y menos doloroso, puede ser contemplar la sensual danza tradicional o tamure, acompañada de tambores, guitarras y ukeleles. Los amantes de las joyas pueden comprar perlas negras cultivadas en granjas de las Tuamotu; o, si prefieres mirar, verlas en el Museo de Perlas de Tahití. También pueden comprarse joyas de jade, collares de conchas, artesanía en madera y pareos.
Si vas en noviembre podrás ver la famosa carrera de Hawaki Nui Va´a, en la que fornidos polinesios recorren los 116 km, que separan Huahina, Raiatea y Bora Bora.
La cocina polinesia es deliciosa, mezcla criolla y francesa. No te pierdas las comidas sabrosas y baratas que venden en las roulottes a cualquier hora del día.

 

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