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Se debe llegar a Japón con la mente abierta
y preparado para consumar las actividades más sorprendentes: fotografiar
una reproducción de la torre Eiffel, surfear en una piscina de olas
artificiales, visitar en buena compañía un hotel del amor o sestear en
una cápsula espacial. La imagen de
Japón se ha perfilado en base a rumores erróneos y tópicos; para
conocerlo verdaderamente deben abandonarse los prejuicios. Entre la
elegante formalidad de la etiqueta japonesa y los intercambios sociales,
teñidos de candidez pero en ocasiones sumamente bullangueros, que se
producen alrededor de unas copas; entre la asepsia de los centros
comerciales y los sorprendentes festivales rurales, cada uno acabará
formándose su propia visión de Japón.
Tokio
El aspecto más destacado de la capital japonesa es su
increíble dinamismo, si bien es cierto que en general puede resultar
algo taciturno, con sus edificios de apartamentos diminutos y sus
bloques de oficinas, cruzadas por autovías aéreas atestadas de tráfico.
Pero éste es el precio del éxito nipón. Muchos suburbios de Tokio aún no
han sucumbido a la cultura del supermercado: sus calles presentan una
sucesión de pequeños comercios especializados y concurridos
restaurantes, la mayoría de los cuales permanecen abiertos hasta altas
horas de la madrugada.
Junto a los elevados edificios de oficinas se descubren
pequeños enclaves pertenecientes al otro Tokio: una antigua casa
de madera, un establecimiento de kimonos, una posada japonesa, una
anciana en kimono barriendo la acera frente a su casa con una escoba de
paja. La capital es sobre todo un lugar donde el acelerado ritmo del
consumismo colisiona con instantes tranquilos que han pervivido desde
las tradiciones más antiguas. Se presenta como una ciudad repleta de
vida, que el visitante nunca terminará de explorar.
Tokio se erige como una vasta conurbación que se adentra en
la llanura de Kanto desde la bahía de Tokio-wan. Reconstruida casi por
completo después de un terremoto en 1923 y de nuevo tras los bombardeos
estadounidenses durante la II Guerra Mundial, Tokio ha resucitado
literalmente de sus cenizas. A grandes rasgos, está dividida en dos: los
lujosos barrios comerciales y de oficinas al oeste de la zona comercial
de Ginza, y los barrios residenciales, más prosaicos, al Este. Para los
visitantes, la mayoría de los puntos de interés se ubican en la zona
delimitada por el ferrocarril de la línea JR Yamamote, que rodea el
centro de Tokio.
Las actividades turísticas tradicionales no permitirán
llevarse ningún recuerdo mágico de esta urbe, que no reviste un excesivo
interés arquitectónico ni numerosos monumentos que visitar. En la
reconstrucción durante la posguerra prevalecieron las consideraciones
prácticas, por lo que gran parte del paisaje urbano resulta bastante
gris y monótono. Para disfrutar con intensidad de la ciudad hay que
sumergirse en su increíble ajetreo y disfrutar de los escasos momentos
de tranquilidad. Ginza se alza como la zona comercial más famosa
de la urbe: opulenta, vital y popular, es el lugar donde el visitante
aligerará sin duda su bolsillo. Ginza desborda también de pequeñas
galerías privadas, por lo que resulta el área adecuada para pasear y
curiosear entre sus ofertas, aunque no se tenga la intención de
consumir. Ueno-Koen, un parque situado al norte del centro,
cuenta con algunos de los mejores museos y galerías de Japón. El
Museo Nacional de Tokio contiene la selección de arte japonés más
grande del planeta; el Museo Nacional de Ciencias es una enorme
vitrina de entrada libre, repleta de todo tipo de objetos científicos; y
el Museo de Historia Shitamachi reproduce fielmente los barrios
populares del viejo Tokio.
Tradicionalmente considerado el corazón del casco antiguo, en
el barrio de Asakusa, al noreste de la urbe, perdura cierto sabor
a la antigua y auténtica Shitamachi. Su atractivo principal, el
templo Senso-ji, es probablemente el lugar de culto budista más
activo del país, aunque toda la zona está indicada para pasear. Antaño,
Asakusa estaba considerado un barrio de tolerancia impopular, un
terreno propicio para el teatro, la música y sus variaciones más
sórdidas, y en la actualidad permanecen vestigios de este pasado
escabroso y con cierto glamour. Shinjuku, al oeste del centro, es en la
actualidad el barrio más animado para el ocio ciudadano.
Si únicamente se dispone de un día para visitar Tokio, y se
pretende adentrarse en el fenómeno de la modernidad japonesa, este
bullicioso distrito en expansión constante resulta el lugar apropiado.
La mayoría de enclaves de interés de la urbe se reúnen en esta zona:
grandes almacenes de alta calidad, galerías comerciales con productos
asequibles, fluorescentes deslumbrantes, oficinas gubernamentales,
multitudes, pantallas de vídeo en la calle, restaurantes de pasta
japonesa para comer alzados, cabarets, templos recoletos y sórdidos
locales de strip-tease.
Pernoctar en Tokio resulta caro. Existe un par de albergues
juveniles al oeste del centro y diversas opciones relativamente
económicas en Ueno e Ikebukuro. El barrio de Shinjuku también supondrá
una alternativa, siempre que se esté dispuesto a introducirse en una
habitación de hotel minúscula; además, este barrio resulta una de las
mejores zonas donde comer. Ueno y Asakusa ofrecen los mejores
restaurantes de cocina japonesa tradicional, y los restaurantes de Ginza
son recomendables durante el día, pero practican precios muy elevados a
la hora de cenar.
Monte Fuji
La montaña más alta de Japón (3.776 m) es el elemento natural
del país más visitado. Se trata de un cono volcánico perfectamente
simétrico que entró en erupción por última vez en 1707, cubriendo de
cenizas las calles de Tokio, a 100 km de distancia. En días
excepcionalmente despejados se divisa su silueta desde la capital, pero
durante gran parte del año el visitante deberá considerarse afortunado
si consigue otearlo a 100 m de distancia, ya que Fuji a menudo permanece
oculta por las nubes. Su aspecto se muestra especialmente atractivo en
invierno y principios de la primavera, cuando permanece engalanada con
un casquete nevado.
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Julio y agosto acogen la temporada oficial para escalar el
monte Fuji; los japoneses, siempre deseosos de cumplir con las normas,
suelen preparar la mochila en estos activos meses. En realidad, la
ascensión de Fuji puede completarse en cualquier época del año, pero en
pleno invierno permanece reservada a los montañeros más curtidos. Esta
excursión nunca debe plantearse con ligereza, ya que la montaña tiene
suficiente altitud para provocar el mal de las alturas, y la
inestabilidad de las condiciones climáticas puede resultar peligrosa. El
mejor momento para alcanzar la cima, en el amanecer, permite contemplar
la salida del sol y, además, existen menos probabilidades de que la cima
esté sumergida en las nubes; llegar en estas condiciones temporales
supone emprender la marcha por la tarde, pernoctar en un refugio de la
montaña (caro) y partir de nuevo muy temprano por la mañana, o realizar
la ascensión durante la noche.
Los cinco lagos Fuji, un destino típico entre los
habitantes de Tokio para efectuar excursiones de un solo día, se
extienden formando un arco alrededor de la vertiente septentrional de la
montaña. Ofrecen deportes acuáticos, parques de atracciones, cuevas de
hielo y bellas vistas del monte Fuji. La forma más rápida para alcanzar
este enclave se efectúa con autobuses que parten de la terminal Shinjuku
de la capital. Una acondicionada red de autobuses enlaza la región más
baja de la montaña con la zona de los lagos.
Kyoto
Arropado por centenares de templos y jardines, Kyoto fue la
capital del país entre 794 y 1868, y aún en la actualidad actúa como
capital cultural de Japón. Aunque la arquitectura tradicional se vea
cada vez más acosada por el sector industrial y comercial, Kyoto
conserva los jardines de guijarros peinados con rastrillo, los sensuales
perfiles de los tejados de los templos y las geishas contemporáneas tan
buscadas por los turistas ávidos de tópicos. El palacio imperial
se alza como uno de los escasos monumentos en el centro de Kyoto. El
edificio actual fue construido en 1855 y únicamente se puede adentrar en
él en el transcurso de una visita guiada.
La parte oriental de Kyoto, en especial el barrio de
Higashiyama, resulta la zona indicada de la urbe para visitar sus
hermosos templos, pasear y disfrutar de la vida nocturna tradicional en
Gion. El templo Sanjusangen-do es un punto clave de la urbe.
Alberga 1.001 estatuas de Kannon de los Mil Brazos (la divinidad budista
de la misericordia). Al noroeste de Kyoto se hallan diversos templos Zen
de gran belleza, entre ellos el templo Kinkaku-ji, que en 1950
quedó completamente arrasado por un incendio provocado por un monje
demente, y que fue reconstruido más tarde minuciosamente, incluido el
revestimiento de pan de oro. El distrito Takao, escondido en el
Noroeste, es famoso por su follaje otoñal. El castillo de Himeji-jo,
que puede descubrirse en una excursión de una jornada desde Kyoto, es el
castillo japonés que permanece en pie más impresionante, y es conocido
con el nombre de Garza Blanca, en referencia a su majestuosa silueta
blanca.
A lo largo del año se suceden numerosos festivales en Kyoto,
por lo que se convierte en imprescindible reservar alojamiento con
bastante antelación. Entre los más espectaculares, destacan el Aoi
Matsuri (15 de mayo), que conmemora las rogativas de la población
durante el siglo VI para solicitar auxilio a los dioses ante unas
desastrosas condiciones climáticas; Gion Matsuri (17 de julio),
el festival más conocido de Japón, que culmina con un enorme desfile;
Damon-ji Gozan Okuribi (16 de agosto), cuando se encienden
impresionantes hogueras para despedir las almas de los antepasados; y
Kurama-no-Himatsuri (22 de octubre), con una procesión de capillas
portátiles acompañadas por jóvenes con antorchas encendidas.
La mayoría de alojamientos de precio medio se hallan en el
norte y noroeste de la metrópoli, aunque en la zona este existen un par
de magníficos establecimientos hoteleros. En el centro de Kyoto se puede
degustar comida japonesa e internacional a precios razonables, mientras
que en el área oriental abundan los restaurantes yakitori y de estilo
occidental.
Parque Nacional Daisetsuzan
El mayor parque nacional de Japón (2.309 km²) se encuentra en
la zona central de Hokkaido, la más septentrional y segunda isla más
extensa del país. El parque, que abarca diversos sistemas montañosos,
volcanes, lagos y bosques, resulta espectacular para la práctica del
senderismo y el esquí. En verano y principios de otoño aumentan las
visitas con desmesura, y se precisan varios días para alejarse de las
multitudes. Sounkyo se distingue como el centro turístico del
parque: cuenta con termas de agua caliente y una garganta, y resulta un
punto de partida idóneo para las excursiones a pie por el interior de la
reserva. Furano, una de las estaciones de esquí más famosas de
Japón, cuenta con una de las mejores nieves polvo del mundo. A poca
distancia al noreste de Furano y alejados del bullicio se ubican los
remotos pueblos de Tokachidake Onsen y Shirogane Onsen,
con manantiales de agua caliente; ambos se establecen como una base
excelente para las excursiones a pie y en esquís.
Parque Nacional Kirishima
Krishima, en el sur de Kyushu, destaca por sus magníficos paisajes
montañosos, sus manantiales de agua caliente, la impresionante cascada
de Senriga-taki y el esplendor de las flores silvestres en primavera. A
un día de camino de la población de Ebino-kogen se halla una hilera de
volcanes que los excursionistas pueden escalar hasta la cima, pero si se
desea emprender caminatas más cortas, existen rutas que rodean diversos
lagos volcánicos, entre ellos el lago Rokkannon, de un intenso
color azul verdoso. Las vistas hacia el Sur desde la cima del monte
Karakuni-dake aparecen espectaculares: en un día despejado, se puede
llegar a divisar Kagoshima, la metrópoli más cercana, y el cono humeante
de Sakurajima, un volcán decididamente hiperactivo. Un autobús
directo circula entre Kagoshima y Ebino-kogen.
Península Noto-Hanto
Esta península combina agrestes paisajes marinos con una vida rural
tradicional y festivas actividades culturales. Surgiendo del norte de
Honshu, la salvaje y expuesta parte occidental de la península quizá
resulte la más interesante, ya que se ha desarrollado en menor grado que
la accidentada costa oriental. Los festivales de la región se cuentan
por decenas, entre ellos el Festival Gojinjo Daiko Nabune de
Wajima (31 de julio y 1 de agosto), con la actuación de fogosos
percusionistas con máscaras demoníacas y extraños sombreros de paja, y
el Festival Ishizaki Hoto (principios de agosto), conocido por su
desfile de faroles adaptados a largos postes. Se puede acceder
fácilmente a la península en tren desde Kanazawa, Takaoka o Toyama.
Hoteles del amor
En el barrio Shibuya de la capital se concentran hoteles del amor para
todos los gustos. La temática de estos curiosos establecimientos abarca
desde un castillo gótico en miniatura hasta un templo de Extremo
Oriente, y la decoración de sus estancias puede complacer la mayoría de
fantasías, desde la extravagancia de un harén hasta un decorado de
ciencia ficción. El cliente también puede optar por camas vibratorias,
espejos de pared a pared, instalaciones sadomasoquistas y cámaras de
vídeo (no se debe olvidar la cinta al marcharse).
En la entrada de un hotel del amor suele instalarse una pantalla con
fotografías iluminadas de todas las habitaciones disponibles. El cliente
selecciona la preferida presionando un botón bajo la imagen
correspondiente, y abona el precio. Aunque la discreción es rigurosa, no
todos los clientes se dirigen a estos establecimientos para consumar un
encuentro clandestino; también los frecuentan muchas parejas estables
faltas de espacio en el hogar para relajarse juntos.
Seagaia
La cúpula oceánica de Seagaia aparece como una instalación lúdica
increíble: se trata de una playa de arena blanca de 140 m de longitud,
con su pedazo de océano y un cielo eternamente azul, todo en un
entorno natural completamente controlado. Lo más asombroso acaece
al comprobar que este complejo roza el auténtico oleaje y las playas de
arena a lo largo de la costa Miyazaki-ken, en Kyushu. Puede considerarse
la apoteosis de la obsesión japonesa por los parques de atracciones y la
diversión más asépticos. Para llegar hasta Seagaia, un autobús parte de
Myazaki, una ciudad de considerables dimensiones y clima templado en la
costa sureste de Kyushu.
Actividades
Muchos parques nacionales poseen rutas
para practicar el senderismo. En los alrededores de Tokio, los
enclaves más apreciados por los excursionistas son el Parque Nacional de
Nikko y el de Chichibu-Tama. También pueden emprenderse interesantes
excursiones, aunque mucho más solitarias, en el distrito de Gumma y en
la región Kansai de Nara. Para descubrir un Japón que pocos extranjeros
conocen, hay que dirigirse hacia los Alpes Centrales, mucho menos
poblados. La temporada de esquí suele extenderse de diciembre a
abril. La mayoría de estaciones se encuentran en la isla de Honshu, pero
también hay nieve polvo de calidad en Hokkaido. Las islas de Okinawa, en
el extremo suroeste del país, ofrecen magníficas posibilidades para el
submarinismo. El ciclismo es especialmente popular en las
regiones costeras más llanas, aunque algunos intrépidos se han atrevido
a subir al monte Fuji. En Japón, el golf es sinónimo de
prestigio, y quien desee pisar un campo de golf deberá contar con una
nutrida billetera y cierta influencia en el ámbito empresarial. El coste
mínimo de este deporte suele ser de unos 100 dólares diarios. |