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De las tres antiguas colonias francesas de Indochina, Laos es
la menos desarrollada y más enigmática. Una sucesión de dominación
colonial, conflictos armados internos y socialismo dogmático provocó que
en los años setenta el país se hundiera y casi el 10% de su población
emigrara. En la actualidad, tras permanecer aislado del resto del mundo
durante casi década y media, este país, sin acceso al mar y escasamente
poblado, disfruta de un período de paz: sus estructuras económicas y
políticas se estabilizan poco a poco y ha empezado la afluencia de
visitantes.
La total ausencia de influencia extranjera permite al viajero
acercarse al más tradicional estilo de vida del sureste asiático. Desde
las fértiles tierras bajas del valle del río Mekong a las escarpadas
montañas de Annam, los viajeros que han visitado Laos lo califican como
la estrella del sureste asiático.
Vientiane
La capital y sede del gobierno está emplazada en un recodo
del río Mekong, entre fértiles llanuras aluviales. A pesar de su
convulso pasado, Vientiane (pronunciado Wieng Chan por los lugareños)
destaca por su admósfera pacífica, con un gran número de wats y
bulliciosos mercados. El monumento nacional laosiano más relevante se
halla en la urbe: el PhaThat Luang (la gran estupa sagrada),
símbolo tanto del budismo como de la soberanía del país. Entre sus
enclaves más importantes destacan el Wat Pha Kaew, un antiguo
templo real que en la actualidad alberga un museo, y el templo Wat Si
Saket, el más antiguo de la ciudad. Wat Xieng Khuan está
formado por un conjunto de esculturas budistas e hindúes ubicadas en una
pradera, 24 km al sur de la población.
Vientiane cuenta con unos diez hoteles de categoría superior
y múltiples casas de huéspedes, muchas de precio moderado, aunque en los
últimos años ha aparecido un gran número de habitaciones de alquiler más
económicas. La mayor parte de la oferta de alojamiento se concentra en
el núcleo urbano. Las cafeterías, puestos callejeros, cervecerías o
restaurantes ofrecen una gran variedad de platos, desde arroz y fideos a
filet mignon. Para saborear la sabrosa gastronomía del país se debe
visitar el mercado nocturno de Dong Palan, en la orilla este de los
estanques de Nong Chan.
La capital ha abandonado el título de paraíso de diversión
clandestina con el que se le conocía a principios de los años setenta:
los burdeles están prohibidos, los puestos de marihuana han desaparecido
de los mercados y la cerveza ha sustituido al opio como droga nocturna.
Las propuestas de ocio abarcan tanto la música en vivo y las discotecas,
donde se pueden escuchar los sonidos populares o el pop occidental, como
la amplia oferta de películas tailandesas, chinas, indias o incluso
búlgaras. En Vientiane se puede adquirir artesanía tribal, tejidos,
joyería y muebles.
Luang Prabang
Esta ciudad está abandonando su letargo provocado por décadas
de guerra y revolución. Luang Prabang cuenta únicamente con 16.000
habitantes y dispone de escasas comodidades propias del siglo XXI, a
excepción de un suministro eléctrico poco frecuente y diversos
vehículos. Las horas de mayor actividad coinciden con la salida del
colegio, cuando las calles se inundan de bicicletas.
Sus históricos templos constituyen las principales
atracciones turísticas; 32 de los 66 que se construyeron antes de la
colonización francesa permanecen en pie. Asimismo destaca el bello
paisaje montañoso que los rodea, en la confluencia de los ríos Khan y
Mekong. Otros enclaves de interés son el Museo del Palacio Real,
el Wat Xieng Thong y el Wat Wisunlat. A tan sólo 25 km,
siguiendo el curso del río Mekong, se encuentran las famosas cuevas
de Pak Ou, algunas de las cuales están repletas de imágenes de Buda;
29 km al sur de la urbe se hallan las cascadas de Kuang Si.
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| Wat
Xieng Kuang - Parque de Buda - Laos |
Llanura de Jarras
La misteriosa llanura
de Jarras se enmarca en una zona salvaje cercana a Phonsavan, en la
provincia de Xieng Khuang. Se hallan esparcidas gigantescas jarras o
vasijas de origen desconocido, la mayor de seis toneladas, elaboradas en
una roca resistente que no parece proceder de la zona. Las de menores
dimensiones han sido robadas en su mayoría, pero aún permanecen
centenares distribuidas en cinco grupos principales. Thong Hai Hin,
el mayor emplazamiento y de mejor acceso, está compuesto por dos
pabellones y aseos; fue construido para el príncipe de la corona y
alberga asimismo la mayor vasija de la llanura.
Sendero Ho Chi Minh
Este sendero está
conformado por una red de caminos polvorientos y carreteras de grava,
paralela a la frontera de Laos y Vietnam, y especialmente atractivo para
aquellos interesados en la historia bélica. Esta ruta fue utilizada por
los vietnamitas del Norte durante la guerra de Vietnam y por el Viet
Minh en su lucha contra los franceses en los años cincuenta. Aunque los
vietnamitas del Norte negaron la existencia de esta senda y Estados
Unidos negó, asimismo, haberla bombardeado, lo cierto es que entre los
años 1965 y 1969 fue atacada con 1,1 millones de explosivos y grandes
cantidades de herbicidas. El sendero, sito en un enclave bastante
remoto, todavía conserva numerosos vestigios de la guerra, como restos
de helicópteros y aviones. Sepon, a unos 600 km al sureste de
Vientiane, es la ciudad más cercana; fue destruida durante el conflicto
y lo único que ha permanecido son diversas chozas. Desde Savan, puede
accederse a esta localidad en autobús.
Meseta de Bolaven
La meseta de Bolaven
se encuentra en una zona fértil donde la tribu de los laven cultiva uno
de los mejores cafés del mundo, además de fruta, cardamomo y junco de
Indias. Este enclave constituye un centro de la cultura mon-jemer
y en sus alrededores existen poblados alak, katu, ta-oy y suay. Los
pueblos katu y alak habitan en círculos formados por casas de paja y son
conocidos por el sacrificio anual de búfalos, elemento clave en sus
espectaculares ceremonias. Tradicionalmente, las mujeres alak, katu y
lawae se tatúan la cara, aunque en la actualidad esta costumbre está
remitiendo. En la meseta también existen algunas cascadas, como la de
Taat Lo, que caen sobre un estanque, ideal para bañarse.
Actividades
Debido a la falta de infraestructura
turística, prácticamente no existen actividades organizadas, lo que
puede suponer una ventaja para los viajeros más aventureros. La
naturaleza montañosa del país lo convierte en un enclave idóneo para
practicar el senderismo, a pesar de que no está permitido acampar por la
noche. En las ciudades cercanas a estas zonas pueden contratarse guías
locales. También es factible recorrer el territorio con una bicicleta
de montaña, que es posible alquilar en Vientiane o Luang Prabang. La
isla de Don Khon, en el río Mekong, ofrece una interesante excursión por
su extremo sur, donde existe la posibilidad de ver delfines Irrawaddy al
atardecer, entre los meses de diciembre y mayo.
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