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Visitar Líbano, turismo Líbano

Líbano

Líbano desapareció del mapa turístico al estallar la guerra civil en 1975. En la actualidad, y paulatinamente, se está consolidando la opinión de que no sólo es factible viajar a Líbano sino que, además, puede hacerse sin mayores complicaciones.

Líbano posee numerosos alicientes dentro de sus humildes fronteras: ciudades antiguas, vestigios del Imperio Romano, lujosos centros de esquí, magníficos parajes y muestras de arquitectura islámica.
Posee igualmente una cultura compleja, y es tal su diversidad social y religiosa que, según los partidarios de la homogeneidad cultural de otras naciones, resultaría imposible evitar la inestabilidad social. Lamentablemente, en este caso, Líbano les ha dado la razón.

Mapa de Líbano

Mapa de Líbano

Los escasos extranjeros que se acercan a estas tierras hoy en día se ajustan al perfil del turista adinerado que contrata un viaje organizado. Aunque los viajeros independientes no abundan, son bien acogidos. Los libaneses se caracterizan por su genuina hospitalidad, y con gusto invitan a los forasteros a sus hogares. Para quienes estén interesados en conocer la historia de esta región y ser testigos de cómo este país trata de superar la crisis, éste se convierte en el momento más adecuado para visitarlo.

Beirut

Conocida otrora como el París de Oriente, Beirut recibió un fuerte castigo durante los 16 años de guerra en Líbano. La urbe no se ha recuperado aún ni de los bombardeos, ni de la llegada masiva de refugiados; de ahí que muchos recién llegados se queden boquiabiertos ante la destrucción, la reconstrucción, el apiñamiento y el caos existentes.

Situada en el mismo centro de la costa libanesa mediterránea, Beirut refleja todo tipo de contrastes: edificaciones de exquisita arquitectura conviven con grotescas masas de cemento; casas tradicionales rodeadas de jardines perfumados de jazmín sobreviven, empequeñecidas, a la sombra de modernos edificios; viejos y sinuosos callejones nacen de anchas avenidas; y ostentosos automóviles modernos compiten en la calle con carros de vendedores. Aunque no quede mucho por ver, persiste su carácter vibrante y su encanto.
Mezquita Emir Assaf, Beirut, Libano

Mezquita Emir Assaf, Beirut, Libano

En el barrio de Hamra, en el noroeste de la urbe, se hallan bancos, hoteles, cafeterías y la oficina de correos; esta zona se presta a ver escaparates y empaparse del ambiente de la ciudad. Al norte de Hamra, la Universidad Americana de Beirut cuenta con un museo de arqueología, aunque no tan espectacular como el Museo Nacional, reinaugurado en 1999 tras un período de reconstrucción. Su colección de estatuillas fenicias resulta particularmente interesante. En el este de Beirut, una espléndida villa del siglo XIX, de estilo italiano, alberga al elegante Museo Sursock, que ofrece exposiciones de platería turca, iconos y arte contemporáneo libanés, y que cuenta además con una pequeña pero atractiva biblioteca.

Una visita al Distrito Central de Beirut (conocido como Downtown) permitirá al viajero hacerse una idea aproximada de lo que esta población sufrió durante la guerra. Partes de esta zona se están restaurando, otras han sido derribadas con bulldozers o convertidas en un paisaje apocalíptico de proyectiles estallados. La plaza de los Mártires, el centro del distrito, se ha demolido en su práctica totalidad (únicamente permanece en pie la conmovedora estatua de los Mártires); un enorme cartel muestra el proyecto que se pretende realizar en este lugar. La mezquita Omari, también denominada la Gran Mezquita, es uno de los escasos edificios históricos que se conservan: originalmente construida como iglesia de los cruzados en la época bizantina, fue convertida en mezquita en 1291.

La gruta de las Palomas constituye la atracción natural más famosa de la capital. Estos arcos de roca que surgen del mar se convierten en un hermoso complemento de los acantilados de la costa de Beirut, y los habitantes de la urbe suelen reunirse en ese enclave para admirar la puesta de sol y alejarse del ruidoso tránsito. También resulta delicioso pasear por el Corniche, el sendero que bordea la costa, y respirar el aire marino, tomarse un café servido en la parte trasera de una furgoneta o probar algún alimento expuesto en los carritos de los vendedores ambulantes.

Biblos

En la costa, a unos 40 km al norte de Beirut, se encuentra la milenaria Biblos, una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo. De hecho, su origen se remonta al Neolítico, hace unos siete mil años. Durante el tercer milenio a.C., esta urbe se convirtió en el puerto comercial más importante de la zona, punto de partida del envío de madera de cedro y aceite a Egipto. Hasta el siglo X a.C., Biblos constituyó el principal centro de la cultura fenicia, y allí se desarrolló un alfabeto fonético, precursor de los alfabetos del mundo moderno. Invadida sucesivamente por persas, Alejandro Magno, romanos, bizantinos y árabes, Biblos finalmente cayó en el olvido después de ser tomada, y posteriormente abandonada, por los cruzados.

Antes de la guerra civil, Biblos resultaba una parada obligada de la jet set, y tanto el puerto histórico como su pintoresco casco antiguo permanecen en buen estado de conservación. Para acceder a las ruinas, al sur de la ciudad vieja, se deben atravesar los restos de un castillo de cruzados, que domina los muros medievales de la urbe. Desde este punto se pueden divisar vestigios de cabañas que datan del quinto milenio a.C., el templo de Baalat Gebal, de 2800 a.C., un templo con forma de L construido hacia 2700 a.C., dos tumbas reales y un templo de comienzos del segundo milenio a.C., además de un anfiteatro romano.

Otro atractivo a descubrir es el Museo de Cera, donde se retrata la historia del país mediante una serie de escenas algo extrañas y, en ocasiones, incluso tétricas. Cerca de la institución cultural, se halla la iglesia de San Juan, construida por los cruzados. Además, Biblos cuenta con un souq (mercado) muy animado, y dispone de una atractiva playa con algunos vestigios submarinos. Si bien únicamente cuenta con un par de hoteles, abundan los establecimientos donde comer.

Biblos, Líbano

Biblos, Líbano

Trípoli

Sita a 86 km al norte de Beirut, Trípoli se erige como la segunda metrópoli de Líbano en número de habitantes, además de constituir el principal puerto y centro comercial del norte del país. Si bien es más moderna que el resto de poblaciones libanesas, su atractivo reside en su historia medieval y la arquitectura mameluca. Esta urbe sobrevivió a la guerra civil en mejor estado que la mayoría de ciudades de la nación, y aún conserva el encanto árabe, con sus callejones estrechos, sus souqs, un ritmo de vida apacible y gente amistosa. Trípoli es famosa, igualmente, por ser la capital dulce de Líbano, y un viaje a este municipio restaría incompleto sin una visita a uno de sus comercios de pegajosos y suculentos dulces.

La urbe cuenta con dos zonas principales: al-Mina (zona portuaria), que se adentra en el mar; y la ciudad propiamente dicha. En el centro se sitúa Sahet et-Tall, una gran plaza donde el viajero encontrará la estación de autobuses, alojamientos y restaurantes. La ciudad antigua se extiende hacia el Este y forma un laberinto de callejones estrechos, animados souqs, baños turcos o hammams, khans, mezquitas y madrazas (escuelas de teología). En este bullicioso enclave, los artesanos trabajan de la misma forma que desde el siglo XIV. Esta localización posee igualmente bellas muestras de arquitectura mameluca, entre las que se cuentan la mezquita Taynal, del siglo XIV, la madraza Qartawiyya y el intrincado mihrab (nicho) de la mezquita y madraza Burtasiya.

Originalmente construida por los cruzados en 1103, la ciudadela de Saint-Gilles domina Trípoli. Gravemente dañada por el fuego en el siglo XIII, fue parcialmente reconstruida en el XIV, y desde entonces ha sido modificada en diversas ocasiones, pero mantiene su esplendor original. En al-Mina, merece la pena visitar la torre del León, único ejemplo que se conserva de un grupo de estructuras construidas por los mamelucos para defender la ciudad.

Tiro

La antigua Tiro, situada en la costa sur de Líbano, fue fundada por los fenicios en el tercer milenio a.C. En sus orígenes, Tiro constituía un poblado en tierra firme y una ciudad en una isla; en el siglo IX a.C., bajo el mandato de Hiram, la isla quedó unida al continente por una estrecha carretera. En el siglo IV, cuando arribaron las tropas de Alejandro Magno, se cortó la antigua carretera y se construyó una especie de muelle o rompeolas. Como el muelle poseía mayores dimensiones que la antigua carretera, la isla pasó a ser una península. En tiempos de los fenicios, Tiro era famosa por sus industrias de tinte púrpura y de fabricación de objetos de cristal; en la actualidad, es conocida por sus vestigios romanos.

La zona antigua se ubica en la península; la moderna está situada hacia el interior. Al Sur, se levantan las reliquias del Tiro romano. Entre las ruinas romanas se cuenta una carretera bien conservada, que atraviesa un arco monumental. En uno de sus costados está bordeada por un acueducto, y a ambos lados se erigen cientos de sarcófagos de mármol y piedra ornamentados con inscripciones complejas. El hipódromo, construido en el siglo II d.C., es el más grande y mejor preservado del planeta, y en sus restos se celebra un festival cada verano. Como Tiro se encuentra a sólo 20 km al norte de la frontera con Israel, es posible que, en situaciones de conflicto, el área circundante atraiga la atención de los artilleros israelíes. Es aconsejable evitar la zona si se vislumbran tensiones, pero en otros momentos no se considera peligroso visitarla.

Ruta de los cedros Bcharre, Líbano

Ruta de los cedros Bcharre, Líbano

Bcharré

La ruta hasta Bcharré y Los Cedros, a unos 30 km hacia el interior desde Trípoli, atraviesa algunos de los paisajes más hermosos de Líbano. La carretera sigue las laderas de las montañas y sube serpenteando sobre escarpados y espectaculares desfiladeros. Poblaciones de viviendas con techumbres de tejas rojas surgen sobre las colinas o cuelgan precariamente de las laderas, y en cada curva se atisba un panorama de olivares, viñedos, valles exuberantes y cimas montañosas.

En Bcharré se encuentra el Museo Gibran. El renombrado escritor y artista Khalil Gibran nació en este municipio, y fue enterrado en un antiguo monasterio que domina el pueblo. El museo posee una nutrida colección de óleos, dibujos y gouaches de Gibran, además de muchos de sus manuscritos. Igualmente, puede visitarse su tumba en la antigua capilla del monasterio; en la misma sala se han emplazado una silla, una mesa, y otros objetos que le pertenecieron.

Al norte de Bcharré, la carretera continúa su ascensión hasta lo que se conoce como Arz Ar-rab (los cedros de Dios), el último bosque de bíblicos cedros que pervive en el territorio libanés. Se trata de una arboleda pequeña -en otros tiempos los cedros crecían por todo el territorio, pero este recurso fue explotado abusivamente-. Algunos de estos árboles datan de hace mil quinientos años, y el lugar ha sido declarado Monumento Nacional. Por debajo de Bcharré, en la espectacular garganta de Qadisa se ubican las tumbas de los primeros patriarcas maronitas, así como algunos monasterios excavados en la piedra. Este paso estrecho entre las montañas es un paraíso para quienes practican el senderismo, y puede recorrerse por arriba y por abajo.

Baalbek

Baalbek, a 86 km al noreste de Beirut, recibió su nombre en honor del dios fenicio Baal. Los griegos lo rebautizaron Heliopolis y, más adelante, los romanos lo utilizaron como centro de adoración a Júpiter. Baalbek aparecía entonces como la urbe más importante de la Siria romana. En tiempos más recientes, estableció su sede Hezbolá, fundamentalistas islámicos que se oponen a Occidente, y fue en 1999 cuando la población reabrió sus puertas al turismo. Si bien la ciudad moderna es muy pequeña, sus vestigios romanos conforman, probablemente, la zona arqueológica más rica de Líbano.

El complejo de templos de Baalbek constituye uno de los más grandes del mundo. Mide unos 300 m de largo y posee dos templos con pórticos, dos patios y un recinto construido durante el período árabe. El templo de Júpiter, completado hacia el año 60 d.C., culmina una elevada plataforma que se yergue sobre una impresionante escalinata; únicamente seis de sus enormes columnas (22 m) se mantienen en pie, lo que basta para hacerse una idea de la escala del edificio original. En los alrededores, el templo de Baco, construido hacia el año 150 d.C., se encuentra en un buen estado de conservación. Alejado del área principal se halla el pequeño y exquisito templo de Venus, una hermosísima edificación circular con columnas estriadas.

Zahlé

A unos 40 km de Beirut, hacia el interior, se encuentra Zahlé, un apacible y atractivo lugar de veraneo junto a las empinadas orillas del río Birdawni. En la zona alta de la población, bordeando el río, se enclavan docenas de restaurantes al aire libre a los que acuden, durante el período estival, tanto sus habitantes como visitantes llegados de Beirut que desean disfrutar de una de las mejores cocinas de Líbano. Zahlé aparece como el mejor enclave para saborear el arak, una especie de coñac, con sabor anisado, que se produce con los restos fermentados de la elaboración del vino. Resulta un alcohol puro y transparente, que emborracha rápidamente, pero que, por fortuna, no produce resaca. Después de unos cuantos tragos, incluso parece bebible.

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