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Marruecos representa el seductor labio
inferior de esa boca que es el mar Mediterráneo, una tierra
musulmana tan llena de misticismos que parece desplazarse como una
alfombra mágica por algún lugar entre el mito y la realidad.
Tánger,
Casablanca, Marrakech; bastan los nombres de estas tres ciudades
para evocar el aroma de especias en el olfato de los viajeros más
experimentados. Muchos destinos marroquíes han sido mitificados, con
razón, pero el visitante puede que lamente la párdida de esa imagen.
Sin embargo, otros exaltarán la singular historia viva del país, su
deslumbrante luz, su arte. La realidad yace en algún punto
intermedio.
Marruecos es el
punto de partida idóneo para quien viaja a África. Está a un salto
de Europa y puede resultar un lugar acogedor, bullicioso y
estimulante. En los mercados al aire libre de todo el país se
encuentran innumerables alfombras, artículos de madera y joyas. A
excepción del hachís, la principal materia prima del país es el
cuero, considerado uno de los más suaves del mundo.
Rabat
La capital, cuarta ciudad imperial, es una curiosa
mezcla de la tradición histórica consolidada en un largo pasado y la
modernidad establecida en el presente. Abd al-Mumin la fundó en el
siglo XII, y utilizó la kasbah ("fortaleza") como base para
luchar contra los españoles. Durante este período se construyeron
sus edificios más famosos, como la torre Hassan y la Kasbah des
Oudaias. Bastión para los musulmanes expulsados de España a
principios del siglo XVII y capital del país sólo a partir de la
ocupación francesa, en 1912, la atmósfera de Rabat recibe
influencias del Islam y de Europa en casi idéntica medida. Pocos
habitantes de Rabat están involucrados en el negocio turístico, lo
que significa pasear por los mercados sin tener que protegerse
contra la excesiva presión de los vendedores.
Uno de los monumentos más famosos es la torre
Hassan, el alminar inacabado de la gran mezquita, iniciado por
Yacub al-Mansur. Un terremoto interrumpió su construcción en el año
1755. A su lado se alza el mausoleo de Mohammed V, abuelo del
actual rey. La Kasbah des Oudaias, construida en el risco que
se levanta sobre el Atlántico, alberga un antiguo palacio convertido
en museo de arte tradicional. Más allá de las murallas se
encuentran los restos de la antigua ciudad de Salé, cuyo
Museo Arqueológico es uno de los más interesantes de Marruecos.
Entre el histórico parque central (los Jardins
Triangle de Vue ) y la principal estación de tren están
localizados la mayoría de hoteles y restaurantes de Rabat. Los
abundantes bares y cafeterías de esta zona disponen de toda la
cerveza, kebabs, pizza, aceitunas y helados que uno pueda
desear. El aeropuerto internacional Mohammed V se halla a poca
distancia al este de la ciudad y muchos autobuses cubren el
trayecto.
Casablanca
De todas las ciudades del mundo, Hollywood eligió
Casablanca para inmortalizarla como el clásico enclave de sabor
exótico y colonial. Los que esperen encontrar a un taciturno
Humphrey Bogart en cada esquina se llevarán una gran decepción. Esta
localidad no puede definirse como tranquila: es la mayor urbe de
Marruecos y su centro industrial; una enorme e impetuosa metrópoli
donde las burnouses (prenda tradicional) marroquíes parecen
fuera de lugar ante la masiva presencia de los elegantes trajes
propios de Occidente y las gafas de sol de marca.
Esta ciudad portuaria sufría una grave decadencia
hasta que los franceses, cuando convirtieron Marruecos en su
Protectorado en 1912, decidieron restaurarla y construyeron grandes
avenidas, parques públicos e imponentes edificios civiles de estilo
morisco. La medina o barrio antiguo de Casablanca merece una
visita, y la mezquita de Hassan II es una de las más grandes
del mundo. En la plaza Mohammed V se encuentran los ejemplos
más impresionantes de arquitectura morisca. Casablanca comparte el
aeropuerto Mohammed V con Rabat, en el que se programan vuelos
regulares desde y hacia Europa y Oriente Medio.
Marrakech
Catalogada como uno de los centros culturales más
importantes de Marruecos, Marrakech es una activa ciudad famosa por
sus mercados y festivales. En su trepidante núcleo urbano se
encuentra la plaza Djemaa el Fna. Declarado patrimonio oral
de la humanidad por la Unesco en mayo de 2001, este inmenso espacio
abierto en el barrio antiguo acoge a malabaristas, narradores de
cuentos, encantadores de serpientes, magos, acróbatas y toda una
gama de lunáticos inofensivos. Sus zocos (mercados) se
caracterizan por estar entre los mejores del país. Marrakech cuenta
con una amplia oferta de hoteles asequibles que facilitan la
exploración de la parte antigua de la ciudad.
Entre los muchos atractivos del barrio antiguo
destaca el anexo de la mezquita Koubba Ba'adiyn, de un
peculiar estilo almorávide, la magnífica mezquita Koutoubia y
el palacio Dar Si Said (donde se encuentra el Museo de las
Artes Marroquíes). Los servicios de trenes y autobuses ofrecen
trayectos regulares que comunican esta urbe del interior con
Casablanca y Rabat.
Fez
La más inmemorial de las ciudades imperiales, Fez, es
quizá uno de los símbolos de Marruecos. Sus laberínticas calles y su
apagado esplendor potencian su aire misterioso y arrogante. La
Medina de Fez el-Bali (antiguo Fez) es uno de los mayores
emplazamientos medievales que existen en el mundo, y las puertas y
murallas que le rodean potencian su magnificencia. A diferencia de
muchas poblaciones fortificadas de su época, Fez no ha modificado
sus límites originarios. Sus habitantes se han expandido hacia el
suroeste y las laderas, formando un arco que se dibuja de norte a
sur de la zona nueva.
En la parte antigua, compuesta por 9.400 calles y
callejuelas, se alza la Medersa Bou Inania, una escuela
teológica construida en 1350. No lejos de este lugar se encuentra el
Henna Souq, mercado especializado en tintes para el cabello y
para tatuar las extremidades de las mujeres. Junto a la vieja urbe
amurallada aparece Fez el-Jdid, sede de la comunidad judía,
formada por edificios espectaculares. Entre las dos está emplazado
Dar Batha, denominado en la actualidad Museo de Batha.
La mejor manera de llegar a Fez es en ferrocarril desde Rabat,
Marrakech o Tánger.
Tánger
Tánger es un emplazamiento irresistible y un popular
puerto de entrada de turistas, además de haberse convertido en el
lugar de residencia de algunos de los mayores delincuentes
internacionales. Ubicada en el extremo norte de Marruecos, conserva
un carácter cosmopolita y una fundada reputación de inspirar turbios
negocios y extraños desajustes.
El céntrico zoco chico es su principal
atracción. Cuando Tánger era territorio internacional, entre
1923-1943 y 1945-1956, además de haberse convertido en el punto de
encuentro de intelectuales y artistas de todo el mundo, esta zona
servía de escenario a sórdidas formas de vida; en la actualidad
todavía mantiene esta característica. La Kasbah es uno de los
monumentos más atrayentes; en su interior alberga el antiguo palacio
del sultán, Dar el-Makhzen, del siglo XVII, convertido en un
interesante museo. Tánger dista cinco horas en tren de Rabat y desde
España se arriba fácilmente en transbordador; también desde
Gibraltar.
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