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Nueva Zelanda ofrece una belleza sísmica
poco común: montañas glaciares, ríos de corrientes rápidas, profundos
lagos de aguas cristalinas, géiseres silbantes y barros que hierven.
Alberga numerosas reservas forestales así como desérticas y largas
playas; disfruta también de una fauna muy variada, en la que destaca el
kiwi, especie endémica de estas costas.
Los viajeros en busca de aventura pueden
practicar gran número de enérgicas actividades al aire libre, como
excursiones, esquí y descenso de rápidos, sin olvidar el deporte
favorito de muchos, el puenting. Igualmente es posible nadar con
delfines, jugar con corderos recién nacidos, observar ballenas o
practicar la pesca de la trucha cebada en muchos de los ríos existentes.
La población, inmersa en una cultura que aúna lo europeo con las
costumbres ancestrales maoríes, destaca por su ingenio y hospitalidad.
Se requiere cierta práctica para pronunciar los extraordinarios y
resonantes nombres de algunos de los rincones que esconde Nueva Zelanda,
como Te Awamutu, Whangamomona o Paekakariki.
Al ser un país compacto, viajar por él
(en avión, autobús, tren, coche o caravana) no resulta caro y sí muy
eficaz. Existen alojamientos variados y económicos, y su exquisita
oferta gastronómica incorpora carne de venado, marisco fresco,
fantástico helado y premiados vinos.
Wellington
La capital neozelandesa, Wellington (con una población de
345.000 habitantes), se ubica en un excelente puerto en el extremo sur
de la isla del Norte. A menudo criticada por sus homólogos del norte por
su mal tiempo, ya que durante el invierno sus vientos llegan a alcanzar
la fuerza del vendaval, Wellington es una urbe dinámica preocupada por
la cultura y el arte que celebra festivales casi mensualmente y que
dispone de excelentes restaurantes étnicos y cafeterías. Asimismo, es la
sede del gobierno y de los tesoros nacionales.
Entre sus edificios de interés, se hallan el Beehive,
de estilo modernista, sede del ejecutivo del parlamento; el antiguo
edificio del Gobierno, uno de los mayores del mundo realizados
íntegramente en madera; la Biblioteca Nacional, que alberga la
colección más extensa de libros del país; y el monumento
conmemorativo a Katherine Mansfield, situado en la propiedad donde
nació la famosa escritora en 1888. Asimismo, pueden visitarse museos
(incluido el nuevo y excelente Museo de Te Papa), un parque
zoológico y disfrutar de unas maravillosas vistas de la ciudad desde la
cima del monte Victoria. La zona para efectuar compras se
focaliza en la calle Cuba Street; en el distrito de Thorndon
existen enclaves históricos relevantes; en Lambton Quay se
encuentra el principal centro de negocios de la metrópoli; y el monte
Victoria es el lugar ideal donde alojarse y comer por poco dinero.
También merece la pena visitar el Museo de Plantas Autóctonas.
Auckland
Auckland es la ciudad más grande del país, con una población
de 1.002.000 habitantes. Su práctica totalidad está circundada de agua y
cubierta de colinas volcánicas. Al igual que Sidney, Auckland dispone de
un espectacular puerto y un puente, además de un increíble número de
entusiastas de los yates, lo que le ha valido la denominación de Ciudad
de las Velas. La urbe atrae en especial a las personas procedentes de
las islas del Pacífico Sur, y actualmente presenta la mayor
concentración de ciudadanos polinesios del mundo. Entre los lugares más
remarcables, destacan el Museo de Auckland, que acoge una muestra
memorable de objetos y cultura maorí, y el Kelly Tarlton's Underwater
World & Antarctic Encounter, una simulación única del
océano y de las actividades de exploración.
Las zonas de Parnell y Newmarket, a las afueras
de la ciudad, resultan los lugares idóneos para comprar. Pueden
contemplarse edificios victorianos bien conservados en Devonport,
y en Ponsonby se puede adquirir artesanía polinesia; además,
abundan cafeterías, restaurantes y mercados. Desde el volcán extinguido
de One Tree Hill se disfruta de unas bellas vistas de la
metrópoli. Para darse un baño, se recomiendan las playas de
Kohimarama y Mission Bay. El golfo Hauraki de Auckland
está salpicado de islas como Rangitoto, Great Barrier y
Waiheke, donde el alojamiento es asequible y existen numerosas
posibilidades para pasear y hacer submarinismo. La isla Waiheke alberga
excelentes galerías de arte. Auckland aparece como un punto de partida
ideal para visitar las fascinantes regiones de la península de
Coromandel y de las llanuras de Hauraki, al Sureste.
Otago y Southland
En Otago y Southland destacan tres parajes que ocupan la zona
meridional de la isla del Sur: Queenstown, con sus múltiples
actividades; los caminos del Parque Nacional de Fiordland ; y la
península de Otago, la primera incursión de Nueva Zelanda en el
turismo ecológico. Queenstown, situada en un valle glaciar al borde del
lago Wakatipu, es una ciudad rebosante de aventuras: paravela, esquí
acuático por rápidos helados en barcos a reacción, rafting y puenting en
el Canyon Bridge. La última moda se basa en lanzarse desde un
helicóptero a 300 m.
El Parque Nacional de Fiordland, que toma el nombre de su
costa excavada por el glaciar, se ubica en una zona salvaje de montañas
y bosques de hielo y hayas. En su punto álgido, la zona de Milford
Sound, los barcos de crucero se balancean como si fueran juguetes
bajo las sombras de elevadas montañas y cascadas. Entre las rutas
alpinas clásicas se halla la Routeburn Track (en el Parque
Nacional del monte Aspiring), el valle Hollyford y el camino
Milford Track (conocido como el más bello del mundo).
La península de Otago destaca como una importante zona
de vida salvaje que dispone de bosques y colonias de albatros, pingüinos
y focas, además de acuarios, museos y enclaves históricos. En ella, se
ubica la ciudad universitaria de Dunedin, cuna de arte y
entretenimiento famosa por haber dado lugar a una generación ecléctica
de bandas de rock de gran éxito. La urbe, de influencias escocesas,
posee un rico patrimonio arquitectónico, con gran número de museos,
galerías y castillos.
En la zona, existen numerosos lagos gigantescos; entre ellos
el lago Hawea y, no muy lejos, en Otago, el lago Wanaka.
El lago Te Anau, en Southland, el segundo de Nueva Zelanda en
tamaño, es el resultado de la acción de un gran glaciar. En él pueden
visitarse cuevas de larvas luminosas, cascadas y remolinos. Los bosques
autóctonos de los Catlins, los más extensos de la costa oriental
de la isla del Sur, se sitúan entre Invercargill y Dunedin. Poseen
reservas de plantas y árboles poco comunes, además de especies animales,
como focas, leones de mar, pingüinos y patos.
Northland
Northland es cuna tanto de la civilización maorí como de la
pakeha, ya que fue aquí donde estos últimos mantuvieron sus primeros
contactos con los maoríes, donde se estableció el primer asentamiento
para la caza de ballenas y donde se firmó el tratado de Waitangi. A
menudo conocida como el norte menos frío debido a las suaves
temperaturas de las que goza durante todo el año, Northland disfruta de
un interesante número de museos, como el Museo Otamatea Kauri &
Pioneer ; de preciosas playas de arena blanca, como la Ninety
Mile Beach ; de lugares para practicar el submarinismo, como la
Reserva de las islas Poor Knights, considerada por Jacques Cousteau
como uno de los diez mejores lugares del mundo para realizar este
deporte; de ciudades históricas ( Pahia y Waitangi ); de zonas
indicadas para la pesca deportiva ( Bahía de las islas ); y de
reservas de flora y fauna ( Waipoua Kauri Forest ).
Actividades
Nueva Zelanda es la meca para todos
aquellos que buscan experiencias emocionantes y para los interesados en
los amplios espacios abiertos y en las actividades físicas. Entre los
deportes que se pueden practicar en el aire, destacan el puenting, el
paracaidismo, la caída libre, el rappel y el vuelo. En tierra firme, es
factible realizar senderismo, montar en bicicleta de montaña, esquiar,
montar a caballo, escalar rocas y practicar el zorbing. Bajo tierra se
puede visitar cuevas, descender rápidos en cavernas y practicar el
hidrosliding; sobre el agua es posible ir en motos y trineos acuáticos,
hacer rafting, boogey boarding, canoa, kayak, surf, descenso de rápidos
en tabla de surf y submarinismo con escafandra. Si existen dificultades
para desplazarse de un sitio a otro, y esto supone un reto, Nueva
Zelanda es el lugar indicado para intentar superarlo.
A pesar del número de actividades
excéntricas que se pueden efectuar, se mantiene el tramping
(jerga con que se conoce al senderismo en Nueva Zelanda) como la más
popular. Existen miles de kilómetros de caminos marcados y una apreciada
red de albergues, que hacen del senderismo una actividad viable tanto
para personas ya experimentadas como para paseantes. Muchos de los
caminos más populares, como los de Great Walks, resultan bastante
transitados, especialmente durante el verano, por lo que, si se
prefieren rutas más solitarias, se recomienda contactar con el
Departamento de Conservación para obtener más información sobre la zona.
Nueva Zelanda se ha convertido en uno de
los destinos más visitados del hemisferio sur para practicar el esquí,
además de otros deportes de invierno, debido a sus abundantes y seguras
nevadas, que se producen por lo general entre junio y octubre. Existen
numerosos paquetes de vacaciones para ir a esquiar y una gran variedad
de estaciones repartidas por la isla del Norte y la del Sur. |