La
Cordillera Pirenaica se extiende
desde el Cantábrico hasta el
Mediterráneo recorriendo una
longitud de 440 km y atravesando las
provincias de Navarra, Aragón y
Cataluña, en España y , al otro lado
de la frontera, Francia y Andorra.
Con más
de doscientas cimas que superan los
3000 metros de altitud, los Pirineos
poseen los últimos glaciares
ibéricos, amplios valles, profundos
cañones y extensas masas forestales.
Aquí sobreviven los últimos osos
pardos, la población más importante
de quebrantahuesos de Europa y
especies tan adaptadas a los rigores
climáticos como la perdiz nival y el
edelweis.
El valor natural que poseen todos
los ecosistemas del Pirineo han
propiciado la necesidad de ser
protegidos. Actualmente numerosos
son los espacios que han sido
declarados Parques Nacionales o
Naturales con el fin de conservarlos
intactos y así poder transmitir a
las futuras generaciones este legado
natural de incalculable valor.
El histórico aislamiento que han
sufrido las distintas comarcas
pirenaicas durante muchos siglos, ha
dado a sus gentes un carácter
especial y por eso, todavía hoy en
día se conservan hasta 6 lenguas
vivas y un sin fin de arraigadas
costumbres y tradiciones
relacionadas con la montaña. Sin
embargo, hoy los tiempos han
cambiado y el avance de las
comunicaciones ha hecho que estos
pequeños tesoros naturales puedan
ser conocidos por todos y que las
condiciones de vida de sus gentes ya
no sean tan duras como antaño.
El turismo es hoy la principal
fuente de ingresos de estas comarcas
que, sin embargo, son conscientes de
la necesidad de avanzar conservando
el patrimonio cultural y natural que
poseen. Los Pirineos ofrecen hoy al
visitante todo aquello que la
naturaleza tiene de relajante y , al
mismo tiempo, un montón de
posibilidades para disfrutarlos.
Excursiones, escalada, paseos a
caballo, deportes de aventura, rutas
culturales, esquí y un sin fin de
actividades, son las que podrás
realizar en cualquier rincón del
Pirineo disfrutando al máximo de la
naturaleza en su estado más puro.
La oferta de alojamientos,
restaurantes, comercios y servicios
es también muy amplia y variada lo
que sirve para disfrutar de unas
relajantes vacaciones en la montaña
con todas las comodidades
necesarias.
Los
Pirineos
Desde el mar
Cantábrico hasta el Mediterráneo, la
cadena montañosa de los Pirineos se
alza como una inmensa barrera
natural entre España y el resto del
continente. Sus dominios se
extienden a lo largo de 450
kilómetros de cumbres que rondan los
3.000 metros de altitud, frondosos
valles y pintorescas localidades
centenarias. Punto de encuentro de
culturas diversas y puerta de
entrada del Camino de Santiago, los
Pirineos esconden innumerables
tesoros por descubrir en cada una de
las comunidades autónomas que lo
comparten: Navarra, Aragón y
Cataluña.
El paisaje
pirenaico viene definido por una
abrupta orografía de cumbres y
valles en los que una naturaleza
agreste y exuberante brilla en todo
su esplendor. Impresionantes macizos
rocosos de paredes verticales,
glaciares, cascadas y lagos se
alternan con bosques de coníferas,
pastizales y fértiles valles regados
por las aguas bravas de los muchos
ríos que nacen en la cordillera
pirenaica. En estos idílicos
paisajes encuentra su refugio una
rica fauna propia de la alta
montaña, de la que sobresalen
especies como el rebeco, la nutria,
el águila real o el quebrantahuesos.
Visite:
El Valle
de Baztán, en la parte occidental
del Pirineo navarro, es un idílico
lugar de bosques y pueblecitos
típicos que ofrece espléndidas
vistas, como las que se obtienen
desde el mirador del Baztán.
Los valles de Salazar, Roncal y
Belagua, representativos de la
orografía pirenaica navarra.
Las cuevas de Urdax, en Navarra, son
unas de las más espectaculares del
Pirineo. Se encuentran recorridas
por el río Urtxuma, que atraviesa
sorprendentes galerías subterráneas
perfectamente visitables.
Los Valles de Ansó y Hecho engloban
varios pueblos típicos del Pirineo
aragonés en un entorno de escarpadas
laderas.
El Valle del Tena, en el centro del
pirineo aragonés, ofrece una gran
diversidad paisajística. Atravesado
por el río Gállego, se encuentran en
él macizos, barrancos y uno de los
mayores conjuntos de ibones (lagos)
del Pirineo.
En medio
de una naturaleza agreste aparecen
bellas ciudades y pueblos pirenaicos
en los que tradición y modernidad se
dan la mano. Históricas localidades
que se han desarrollado al abrigo de
las montañas y que han sabido
conservar un importante patrimonio
monumental, en unos casos, y bellos
ejemplos de arquitectura típica, en
otros.
Visite:
Roncesvalles. El origen de esta
localidad navarra está en el Camino
de Santiago, al ser un importante
centro de descanso para los
peregrinos. Hay que visitar la Real
Colegiata de Santa María (s. XIII) y
la capilla de Sancti Spiritus que,
construida en el siglo XII, es el
edificio más antiguo de Roncesvalles.
Sabiñánigo, cerca de Jaca, se
encuentra en la ruta del importante
conjunto del Serrablo (iglesias
mozárabes de Oliván, Basarán,
Lárrede, etc.)
Ainsa, capital de la comarca
aragonesa de Sobrarbe, se
caracteriza por su arquitectura
medieval, de la que destaca su plaza
porticada y la torre románica de la
iglesia de Santa María.
Torla y Bielsa (Huesca), típicos
pueblos de montaña situados al pie
del Parque Nacional de Ordesa y
Monte Perdido. Bielsa cuenta con un
Parador de Turismo.
Vielha. La capital de la Val d’Aran
es un importante centro turístico de
este valle leridano. Dentro del
valle existen dos Paradores de
Turismo: el de Vielha y el de Artíes,
éste último a tan sólo 7 kilómetros
de Baqueira.
Puigcerdà, bella población
fronteriza con Francia posee, además
de una bella plaza porticada,
edificios como la Casa de la Villa y
una torre campanario (s. XVIII). |