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Praga

Praga, República Checa
 
 

La ciudad de Praga
 

Con una superficie de unos 300 Km. cuadrados y una población de 1.200.000 habitantes aproximadamente, la capital de la República Checa y perteneciente a la denominada Bohemia Central, está en el centro del continente europeo a unos 309 Km. de Viena y 575 de Budapest, por lo que forma parte del triángulo viajero más fascinante de Europa (formado por estas tres capitales, de las más importantes turísticamente en el Viejo Continente).

La ciudad de Praga tiene muchos edificios arquitectónicos que datan de todos los períodos. El centro histórico de ciudad, que se extiende sobre un área de 866 hectáreas, ha sido incluido en la lista de Herencia Cultural y Científica de UNESCO desde 1992. Praga es también una de nueve ciudades que fueron concedidas al título de "La Metrópoli Europea de Cultura en el 2000 " por la Unión Europea.

Clima

Con un clima continental muy marcado, la República Checa nos depara un agradable calor en verano y un invierno glacial. Octubre y noviembre suelen ser muy lluviosos, y en pleno invierno las nevadas pueden llegar a ser de escándalo (en invierno la temperatura siempre ronda las cero grados y la nieve puede durar muchas semanas).

 

Transporte

La compañía checa CSA ofrece vuelos diarios en verano tanto desde Madrid como de Barcelona, compartidos por IBERIA. El aeropuerto de Praga se encuentra a unos 18 kilómetros del centro, donde se llega con un minibús que parte cada media hora. Si queremos llegar a la República Checa en coche partiendo desde España es interesante la ruta por Francia, Suiza y parte de Alemania, hasta entrar por el suroeste del país. Una vez en carreteras checas es obligatorio comprar un adhesivo para poder circular por las vías rápidas.

Desplazarse por Praga

Para desplazarse por las ciudades checas se emplean tranvías, autobuses y trolebuses. En Praga las líneas de metro conectan el centro de la ciudad con las zonas periféricas. El precio de los billetes es diferente en cada ciudad y estos se pueden adquirir en quioscos, estancos y hoteles. Para moverse por Praga lo más cómodo y rápido es el metro, aunque el tranvía es más bonito, ya que realiza un recorrido por toda la ciudad.
 
Tiempo libre
 
Praga fue históricamente la ciudad checa más imponente; sin embargo, hoy en día, Praga es todavía , una ciudad vibrante y excitante. Es famosa por su variedad de teatros y conciertos, clubes nocturnos, pubs y festivales.

Música: La ciudad es un centro europeo para la música Jazz y Rock alternativo, tanto como para la música clásica.

Museos y Galerías: Las obras de arte de todas Europa, y de todas las épocas, están expuestas en las galerías de Praga.

Teatros y Cines: Para información completa de los 20 teatros y 35 cines en Praga.

Pubs y restaurantes: Durante tu visita a Praga, tienes que tomar un a cerveza checa tradicional. Para más información de las cervecerías, los mejores restaurantes y todos los tipos de comida que se sirve en Praga.

Qué ver en la República Checa

Praga

Es imposible aburrirse en Praga, tanto si se permanece durante una breve estancia, concentrándose en su compacta red de callejuelas, pasajes y callejones sin salida, como si se disfruta de varias semanas, curioseando tranquilamente y disfrutando de su paisaje urbano.

El principal atractivo es su admirable aspecto físico. El centro de la metrópoli reúne novecientos años de arquitectura; los estilos románico, gótico, renacentista, barroco, así como sus adaptaciones decimonónicas y el Art Nouveau se yuxtaponen y se mantienen intactos tras las guerras y los conflictos del siglo XX. Su núcleo histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992, está formado por Hradcany (el distrito del Castillo) y Malá Strana (el barrio Chico), al oeste del río, Staré Mesto (la Ciudad Vieja) y Vácklavské námestí (la plaza Wenceslao) en el este; el puente Carlos separa Malá Strana de Staré Mesto. Esta zona abarca unos 3 km² y se puede recorrer a pie, por lo que un paseo por Praga permitirá descubrir sus más famosos atractivos.

Asimismo merece la pena descubrir Nové Mesto (la Ciudad Nueva), con sus tiendas, cafeterías, museos y teatros; Vysehrad, donde se contextualizan viejas leyendas que fundamenta la Praga mítica; y Holesovice, Smíchov, Troja y Vinohrady.

La oferta cultural y lúdica constituye una de las más importantes de la ciudad; se programa música clásica, jazz, rock, ópera, ballet, teatro de vanguardia y cuenta con excelentes museos y muchas galerías de arte. El único inconveniente, resultado de su popularidad como destino turístico, se manifiesta en la verdadera invasión de forasteros que recibe durante todo el año.

El alojamiento resulta mucho más asequible en Nové Mesto y Smíchov. El distrito central se encuentra repleto de restaurantes, pero son mucho más económicos los establecimientos de Nové Mesto que los de Staré Mesto.

Kutná Hora

En el siglo XIV Kutná Hora se convirtió en una esplendorosa ciudad, dotada de monumentos que simbolizaban su prosperidad. En esa época, esta localidad situada a unos 65 km al sureste de Praga, era la segunda más importante de Bohemia, gracias a sus ricos yacimientos de plata, y el groschen argentado acuñado aquí era la moneda más fuerte de Europa central en aquellos tiempos. A pesar de su decadencia, aún hoy conserva suficientes monumentos arquitectónicos de magnífica factura como para que la Unesco incluyera su centro histórico en su catálogo para el Patrimonio de la Humanidad en 1995. Es inevitable compararla con Praga cuando se descubre su plaza de suaves tonalidades y repleta de cafeterías, sus callejuelas medievales con fachadas de estilos que abarcan desde el gótico hasta las vanguardias, y la magnífica catedral de Santa Bárbara. La diferencia entre ambas urbes se evidencia en que los habitantes de Kutná Hora son más acogedores y sus precios más módicos.

El centro histórico es bastante compacto y se puede recorrer caminando. Aquellos que hayan programado una visita cultural se sentirán gratificados con los fascinantes monumentos de la metrópoli. Si se opta por un tour macabro, en un cementerio en Sedlec (3 km al noreste) existe un osario gótico compuesto por los huesos de más de cuarenta mil personas. En cuanto a la espléndida arquitectura religiosa, es preciso descubrir la iglesia de Nuestra Señora de origen gótico, pero restaurada bajo los parámetros del barroco propios de los inicios del siglo XVIII; la iglesia de San Jaime, el antiguo colegio jesuita construido en el siglo XVII, con sus esculturas barrocas situadas en su exterior; la catedral de Santa Bárbara, joya del gótico tardío, y el convento de las ursulinas, con una interesante muestra de antigüedades. Si se está interesado en la historia de la minería local, debe visitarse el Museo Hrádek de la Minería y los pozos de las minas medievales.

Karlovy Vary

Famoso en el mundo entero por sus aguas termales, es el balneario más antiguo de Bohemia y, probablemente, el segundo enclave más visitado del país, después de Praga. También está considerada la más hermosa de las tres grandes termas de la República y, a pesar de la multitud que recala en ella, es la más accesible. Si resulta imposible tomar un baño sulfuroso o realizar una terapia de inhalación de gas, siempre se podrán probar las distintas aguas que manan de las doce fuentes termales, y que están compuestas por cuarenta elementos químicos; éstos se emplean en los tratamientos médicos para las enfermedades del aparato digestivo y otros desórdenes del metabolismo.

Además de las cualidades curativas de sus aguas, Karlovy Vary sigue conservando un característico estilo imperial. Las elegantes columnatas y bulevares se alternan con las numerosas y agradables alamedas de los parques que la rodean. Asimismo, ofrece todas las facilidades de una localidad de dimensiones medias sin las prisas propias de las grandes ciudades, con la ventaja de poder relajarse en un paraje encantador.

 
Karlovy Vary - República Checa

Krivoklát

La somnolienta Krivoklát está situada junto al río Rakovnický Potok, afluente del Berounka. Uno de los placeres de su visita consiste en el recorrido en tren hacia el boscoso valle de Berounka, salteado de chalets y rodeado por riscos de piedra caliza. El castillo de Krivoklát se construyó a finales del siglo XIII como pabellón de caza real, y contiene una ejemplar capilla perteneciente al estilo gótico tardío, unas salas imponentes, la ineludible prisión y la no menos preceptiva sala de tortura. Actualmente ya no se caza en esta zona, pues la cuenca superior del Berounka, uno de los bosques mejor preservados de Bohemia, se ha convertido en la Región Paisajística Protegida de Krivoklát y en Reserva de la Biosfera de la Unesco.

Si se dispone del equipo necesario y de uno o dos días más, también se puede pasear a lo largo de la pista de 18 km que parte del valle de Berounka con dirección a Skryje, centro de veraneo con varias casas típicas construidas con tejados de paja. En el camino, se encuentran los acantilados de Nezabudice (que forman parte de una reserva natural), el pueblo del mismo nombre y Týrov, un castillo de estilo francés del siglo XIII que se utilizó durante un tiempo como prisión y que fue abandonado en el siglo XVI; al otro lado del valle, aparece la localidad de Týrov.

Karst moravo

El viajero que persiga imágenes idílicas las encontrará en el Karst moravo, una hermosa región de colinas frondosas situada al norte de Brno, caracterizada por sus numerosos desfiladeros y sus aproximadamente cuatrocientas cuevas originadas por el río subterráneo Punkva.

En Punkevní se organizan visitas en grupos de 75 personas que comienzan aproximadamente cada 20 minutos. El recorrido de un kilómetro a lo largo de profundas grutas, admirando los conjuntos de estalactitas y estalagmitas, desemboca a los pies del despeñadero de Macocha ; allí se embarca en el río Punkva y se recorren unos 400 metros hasta salir a la superficie. Otras cuevas a descubrir son las de Katerinská, Balcarka y Sloupsko-Sosuvské; en ellas se han hallado vestigios prehistóricos.

Región de Moravské Slovácko

Los aficionados a las artes populares deberán dirigirse a Moravské Slovácko, uno de los núcleos de Europa Central que mejor ha conservado su cultura tradicional, así como uno de los lugares más agradables de la república. El ambiente especial de esta región se debe no sólo a su clima templado, idóneo para la producción del mejor vino checo, sino también al carácter y el temperamento de su gente, acogedora, cálida y llena de vida.

El resultado es una extraordinaria reserva de cautivadoras tradiciones en su lenguaje, vestimenta, arquitectura y artes decorativas; se celebran además fiestas anuales en toda la región, donde el baile y la música son los protagonistas junto con la gastronomía autóctona y las generosas muestras de vino. La variedad y el colorido de los trajes populares son especialmente asombrosos y a veces difieren por completo entre pueblos vecinos; por su parte, las casas se mantienen con el tradicional color blanco, con una franja azul en la parte baja, y algunas de ellas aparecen embellecidas con flores y aves dibujadas. Los festejos locales proporcionan la mejor ocasión para contemplar la indumentaria y escuchar la música autóctona, a menudo improvisada. En este sentido cabe destacar los festejos de Blatnice, Stráznice y Vlcnov.

Uno de los principales atractivos de las regiones vitivinícolas consiste en catar el producto local, práctica que se convierte en una especie de ritual; en esta zona la tradición se enriquece con sus peculiares bodegas familiares, denominadas vinné sklepy. En lugares como Petrov (3 km al suroeste de Stráznice) muchas son subterráneas y en Vlcnov son semejantes a chozas. En Prusánky (8 km al oeste de Hodonín), las bodegas vinícolas parecen conformar un pueblo aparte.

Sumava

Los amantes de los bosques amplios y tranquilos a los que no ha afectado ni la polución ni la lluvia ácida deben acercarse a las montañas Sumava, que se extienden unos 125 km a lo largo de la frontera con Austria y Alemania. A pesar de que sólo el bosque virgen de Boubín se mantiene intacto el magnífico estado de estas montañas es su principal atractivo. La única vida salvaje que sobrevivió a las devastadoras cacerías del pasado son las aves, aunque se ha vuelto a reintroducir el ciervo. Por su parte, la flora silvestre abunda en toda la cordillera.

Las antiguas montañas de Sumava están formadas por dos cadenas onduladas con altas llanuras y páramos entre ellas; sus condiciones son las apropiadas para el excursionismo y el senderismo. Aunque el terreno montañoso impide la práctica del ciclismo en la mayor parte de las pistas, las numerosas carreteras de tierra son estupendas para realizar desafiantes travesías de aventura. El imponente Moldava nace en las Sumava, así como otros cinco ríos importantes. Dos canales atraviesan la región, y cuenta con cinco lagos de dimensiones considerables, por lo que existe la posibilidad de practicar el remo. Las condiciones para disfrutar del esquí alpino y de fondo también son ideales.

Telc

Esta encantadora localidad del siglo XIV, situada en el sur de Moravia, surgió como un asentamiento en torno a la iglesia románica del Espíritu Santo. Mientras gobernaron los señores de Hradce, entre 1339 hasta la extinción de la dinastía en 1604, se edificó un castillo gótico y, tras un devastador incendio en 1530 en el que la mayor parte de las casas de madera desaparecieron, se reconstruyeron los edificios con piedra, esta vez siguiendo las directrices renacentistas, y fueron rodeados por una muralla; asimismo se creó un sistema de estanques conectados entre sí. Es probable que esta unidad arquitectónica contribuyera a que la Unesco declarara esta pequeña ciudad, de apenas seis mil habitantes, Patrimonio de la Humanidad en 1992.

El castillo gótico, las torres de la iglesia de San Jaime y la iglesia barroca del Sagrado Nombre de Jesús dominan el centro de la localidad. Entre las encantadoras casas renacentistas que bordean la plaza, es preciso no perderse la vivienda más pequeña de Telc, en el extremo sureste; una auténtica lección sobre cómo aprovechar el espacio. Al norte, una angosta callejuela conduce a la Malá Brána (puerta Pequeña) de la ciudad vieja. Y hacia el sur, a través de la Velká Brána (puerta Grande), se halla la impresionante iglesia románica del Espíritu Santo.

Ceský Krumlov

Es uno de los emplazamientos más bellos de Bohemia y su centro histórico, magníficamente conservado, se incorporó en 1992 al catálogo del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Su castillo mezcla elementos góticos, renacentistas y barrocos y es el segundo más grande del país tras el de la capital. Domina la población desde una colina donde puede contemplarse un meandro del río Moldava en forma de herradura. El núcleo urbano, al que no se puede acceder en automóvil, es una zona mágica llena de callejuelas estrechas y adoquinadas y supone un ejemplo paradigmático de población medieval típica de la Europa Central. La bienvenida al solsticio de verano se festeja con la celebración de la Rosa de Cinco Pétalos: procesiones, teatro callejero, juegos renacentistas, fiestas medievales en las calles, duelos y partidas de ajedrez donde las personas desempeñan el papel de piezas.

Mikulov

La atractiva pero infravalorada Mikulov y su castillo se asientan con fragilidad en una colina, en el centro de la llana región vitivinícola de Pálava, que la Unesco declaró Reserva de la Biosfera en 1986. La localidad, uno de los principales centros de interés del sur de Moravia, posee impresionantes monumentos, pero es más conocida por sus excelentes vinos blancos. Está ubicada muy cerca de la frontera con Austria, y constituye una buena parada en el viaje desde o hacia Viena.

El castillo, encaramado en el extremo oeste de la población, fue restaurado tras su incendio, provocado por los alemanes durante la II Guerra Mundial. En el museo de la ciudad se exhibe arqueología e historia natural local, pinturas y armas, aunque destacan las exposiciones dedicadas a las tradiciones regionales y a los utensilios para la obtención del vino. En la bodega del recinto se encuentra uno de los mayores toneles de vino de Europa Central. Mikulov contaba antaño con una fuerte comunidad judía; de esa época conserva una sinagoga, dañada durante la contienda y olvidada durante la época comunista. También se puede visitar el cementerio judío del siglo XV. La plaza Mayor presenta numerosos edificios e iglesias renacentistas y barrocos, entre ellos el Ayuntamiento, las casas del canónigo con sus fachadas esgrafiadas y la cripta de la familia Dietrichstein. Los amantes del senderismo disfrutarán aquí de estupendas excursiones por las colinas de los alrededores, con sus castillos en ruinas y las magníficas vistas sobre la región de Mikulov.

Zlatá Koruna

En la pequeña Zlatá Koruna (Corona de Oro), junto al Moldava, se alza una de las estructuras góticas mejor conservadas del país, un monasterio cisterciense fundado en 1263 por el rey bohemio Premysl Otakar II para demostrar su poder en la región. De hecho, la plaza principal de la población se halla dentro del complejo. El monasterio, denominado en sus orígenes la Sagrada Corona de Espinas, fue rebautizado en una opulenta época posterior con el nombre de Corona de Oro (y de ahí el nombre de la población). En 1420 un ataque de los husitas lo dañó, pero a continuación fue restaurado. La catedral del monasterio, concluida a finales del siglo XIII, es claramente gótica a pesar de las rehabilitaciones que ha sufrido.

Los aficionados a la literatura encontrarán, entre los frescos situados en las espléndidas paredes del complejo gótico, un Museo de la Literatura del sur de Bohemia; aunque la zona más antigua del monasterio, la abovedada Casa del Cabildo, y la iglesia gótica son igualmente interesantes.

Actividades

Las onduladas colinas y los montes de poca altitud resultan perfectos para practicar el senderismo, especialmente en la región de Sumava, en el oeste y el sur de Bohemia, y en las montañas Krkonose, al norte. Los escaladores pueden dirigirse a las rocas de arenisca del Labe, también en el norte de Bohemia, y los espeleólogos cuentan con la zona del Karst moravo, al norte de Brno. El río más adecuado para el remo es el magnífico pero, por desgracia, contaminado Sázava.

El esquí es un deporte popular y relativamente barato, aunque las comodidades no alcanzan a las de Europa Occidental y las colas son largas. Los equipos de alquiler suelen ser de escasa calidad, por lo que es preferible llevar uno propio. Las mejores estaciones para practicar el esquí alpino se encuentran en Spindleruv Mlýn, en Krkonose, entre enero y principios de abril; Sumava posee las mejores pistas de esquí de fondo

 

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