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Sicilia

Sicilia, Italia
 
 

Sicilia es la séptima isla europea por dimensiones, la principal isla italiana y la mayor del Mar Mediterráneo. Dentro de la Región autónoma se encuentran, además de la isla homónima, varias islas más pequeñas: los archipiélagos de las Islas Eóleas o Lípari a nordeste, las Islas Egades al oeste, las Islas Pelagie al suroeste, y las islas de Pantelleria, Lampedusa al sur y Ústica al noroeste.

Sicilia, gracias a su posición central en el Mar Mediterráneo, ha vivido en primera persona algunos de los más importantes hechos de la Historia. Desde los pueblos que precedieron la llegada de los griegos hasta el siglo XX, la isla ha sido escenario de invasiones, y centro cultural de extrema importancia.

Entre el 827 y el 902 permaneció bajo la conquista aglabí.

Palermo es la capital de Sicilia, y es la quinta ciudad de Italia (660.460 habitantes). El área metropolitana engloba a una población de un millón de habitantes. Es la antigua Panormo púnica, posteriormete Panormus en latín, al ser conquistada por Roma.

 

Ha sido siempre un lugar de tránsito mercantil y comercial. Palermo ha conservado el testimonio de la cultura de todos sus conquistadores: cartagineses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, españoles o austriacos, todos dejaron su huella en la ciudad.

Confluyen en Palermo diferentes estilos artísticos: medieval, barroco, norte de África, norte de Europa... A pesar de todas estas distintas influencias, es una ciudad que ha conservado su propia identidad.

Son de interés turístico las catacumbas de los Capuchinos, con momias conservadas en distinto grado.

Catania es la segunda ciudad más grande de Sicilia, situada en la costa este, es la capital de la provincia que lleva su nombre. Tiene alrededor de 340.000 habitantes y 770.000 en su área metropolitana, sexta de Italia y segunda de la isla, tras Palermo.

Catania se encuentra limitada al norte por el Monte Etna, un activo volcán.

Fue fundada en el siglo VIII adC, y destruida en dos ocasiones, en los años 1169 y 1693 por terremotos. Es sede de la primera universidad de Sicilia, fundada en 1434 por Alfonso V de Aragón.

Siracusa ciudad de Italia, situada en la costa sudeste de la isla de Sicilia, en el Mediterráneo central.

Siracusa fue fundada en el 734 adC por colonos griegos provenientes de Corinto, quienes la llamaron Sirako ("pantano"). Existe otra teoría que afirma que el nombre no es de procedencia griega sino fenicia, cuya traducción aproximada sería "roca de las gaviotas".

Probablemente, el primer asentamiento se produjera en la península de Ortigia, unida mediante un istmo a la isla. Desde este enclave se facilitaba la defensa. La ciudad contaba con dos puertos: uno al norte, el Lakios, y otro al sur.

Los colonos vieron que la tierra era fértil y que las tribus nativas sículas toleraban su presencia. La ciudad creció y prosperó, llegando a ser la más importante ciudad-estado griega entre las existentes en Sicilia. Incluso durante un tiempo, bajo el reinado de Dionisio I, llegó a ser uno de los estados más poderosos del Mediterráneo occidental.

Tras varios siglos de enfrentamientos contra Cartago, se alió con Roma en la Primera Guerra Púnica, bajo el gobierno de Hierón II. Sin embargo, a la muerte de Hierón II, y en el marco de la Segunda Guerra Púnica, la ciudad-estado cambió su política de alianzas, apoyando a Cartago. Este apoyo le valió el ataque de las fuerzas romanas, que tras un largo asedio (en el que Arquímedes defendió su ciudad natal con sus ingenios), consiguieron tomar la ciudad en el 212 adC.

De esa forma, Siracusa pasó a formar parte de la provincia romana de Sicilia, acabando así su época como estado independiente y uniendo su destino al de Roma.

Personajes históricos de esta ciudad fueron los gobernantes Hierón I, Dionisio I, Dionisio II, Agatocles, Hierón II y el inventor Arquímedes.

Actualmente la ciudad cuenta con una población de unos 125.000 habitantes, con numerosos lugares de interés histórico, como los restos del anfiteatro (con un aforo para 15.000 espectadores) y la ciudadela de Dionisio II. Otras poblaciones de interés cercanas son Catania, Noto, Modica y Ragusa.

Sicilia ofrece, entre otras cosas,la mejor comida de Italia, paisajes increíbles, Palermo con su decadencia fascinante, algunas de las mejores ruinas griegas del mundo, playas...
¿Piensas viajar a la isla? Mira nuestro manual del viajero.

DOS COSAS QUE CONVIENE SABER ANTES DE VIAJAR A SICILIA
1) Es la mayor isla del Mediterráneo (25.709 km. cuadrados), así que resérvate un mínimo de una semana para poder ver los sitios más importantes.

2) Su historia. Sicilia es Italia... y no. Goethe la consideraba un "preludio de Asia y África". Los sicilianos han estado siempre en manos de gobernantes extranjeros que han ido dejando sus huellas. Y los habitantes, cerrados en sí mismos, sin participar en su gobierno. Los griegos formaron algunas de sus colonias más prósperas en la isla (como Siracusa) y dejaron aquí algunos de sus mejores templos (Agrigento o Segesta); luego vinieron los cartagineses que fueron expulsados por los romanos que, a su vez, fueron sucedidos por los bizantinos. Los árabes inauguraron uno de sus reinos más ricos, hasta que los normandos les expulsaron en el siglo XI. El reino normando de Sicilia se convirtió en una de los mayores poderes del Mediterráneo, pero los franceses cayeron por allí y, tras ser expulsados, la isla pasó a formar parte del Reino de Aragón. Luego, los Borbones de Nápoles, Garibaldi y otra vez Roma. Sin esta historia es imposible entender la actitud de los sicilianos frente al poder establecido y la mafia, su propio mundo de poderes.

LO QUE NO TE PUEDES PERDER
Palermo:
¿No sabías bien cuándo aplicar el adjetivo 'decadente'? Aquí tienes un ejemplo, el otro tendrás que encontrarlo en La Habana. Y en ambos casos, hablamos de una decadencia fascinadora. Hay dos formas de ver la capital de Sicilia: por abajo, junto a la gente que ha sacado en verano su silla al portal para refrescarse, y hacia arriba: los balcones sicilianos. Rotos, imposibles, bellísimos, cerrados, llenos de vida, con la ropa tendida de casa a casa, viendo a las mujeres de charleta unas con otras, subiendo provisiones por las poleas que cuelgan de cada edificio...

En su día fue considerada una de las ciudades más prósperas y bellas del mundo conocido. Lo primero ya no se puede mantener; lo segundo no se ha perdido, a pesar de que lo han intentado con ahínco. Palermo es un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando a una ciudad maravillosa no se la protege. Paseando por sus barrios populares podrás contemplar palazzi con la mejor arquitectura del gótico catalán, renacentistas, barrocos, neoclásicos... Pero parece como si la historia que se ha desarrollado en su interior de conspiraciones, bailes y secretos de la aristocracia los hubiera extenuado. Para saber si están habitados o abandonados no te valdrá de nada comprobar su estado de conservación. Deberás mirar a los balcones para ver si hay o no ropa tendida, adentrarte en los portales abiertos y echar un vistazo por los patios. Entre estatuas descabezadas, carritos de niño, bicicletas... a lo mejor encuentras una trattoria donde antes habitaba un príncipe.

Para entender qué ha pasado para acumular tanta negligencia en una ciudad tan bella hay que salir del centro encantador y dirigirse a la zona nueva. Los más feos y tristes bloques de hormigón se alinean como en una pesadilla de los sesenta. La mafia hizo mucho dinero con la especulación. Con su buena relación con los políticos de la Democracia Cristiana consiguieron permisos para construir sin fin y convencieron con sus "buenas artes" a los habitantes de los barrios populares para que se marcharan a vivir en uno de sus mínimos apartamentos. Los que podían pagarlo se mudaron a la Via della Libertá Los dineros que mandaban desde Roma y Bruselas para reconstruir los palacios bombardeados durante la II Guerra mundial no llegaban nunca a su fin. Eso explica también los monumentos en constante restauración década tras década.

La Mafia y Sicilia llevan caminando juntas y de la mano muchos años, pero Sicilia es mucho más que eso. Para empezar, es difícil abstraerse a la idea de que estamos en la isla más grande del Mediterráneo, con casi 26.000 kilómetros cuadrados, y rodeados por una enorme cantidad de montañas.

Palermo nos recibe con calor y con esa brisa marítima tan característica de la costa del Mar Tirreno. Los limoneros y los naranjos saludan nuestro paso, los mismos que saludaron a los fenicios que fundaron la ciudad. La catedral del siglo XII, construida en el genuino estilo sicilio-normando, es la primera visita que debemos realizar. Parada obligatoria también merecen las iglesias de Martorana, San Cataldo y el Palazzo dei Normanni, mientras callejeamos por la Plaza Pretoria y por Quattro Conti.

 
Castiglioni de Sicilia

Arte y naturaleza
Salimos de Palermo con dirección a Messina, la ciudad desde la que se divisa la Italia continental. Solunto saluda nuestro paso con sus ruinas fenicias. En nuestro recorrido por la costa norte, la isla aparece plagada de árboles cítricos, viñedos y olivares. En el interior, el paisaje se volverá más desolado, sólo custodiado por cereales.

Las ciudades en la isla suelen ser grandes urbes. Es muy agradable encontrar a nuestro paso pequeñas poblaciones como Cefalú, que ya sólo enamora por su ubicación. A una lado, el mar; detrás, un promontorio rocoso. Y dentro de ella, una maravillosa catedral románica.

No es raro encontrar a nuestro paso ruinas de templos griegos y romanos. Dejamos volar nuestra imaginación y vemos las batallas que siglos atrás se libraron frente a la isla de Vulcano, aunque también en Messina apreciamos las consecuencias de los terremotos, los bombardeos y las epidemias. La historia es dura...

En Taormina, un balcón al mar con vistas al Etna, se respira una atmósfera de paz. El Teatro Griego, del siglo III antes de Cristo, es de visita obligada.

El Etna se levanta majestuoso ante nuestros ojos. Estamos en el techo de la isla y ante uno de los volcanes más famosos de Europa, de impresionante vista con su cima nevada. Una extraña sensación recorre nuestro cuerpo cuando el guía nos dice que el volcán puede entrar en erupción en cualquier momento. Las fértiles tierras de la falda del volcán contrastan con la negrura de las rocas volcánicas que vemos a medida que ascendemos, hasta llegar a ver los cráteres.

Nuestra visita por Sicilia no puede terminar sin ver Siracusa y Agrigento, dos ciudades muy importantes en la época del esplendor griego que conservan todavía restos de su pasado. Pasear por las ruinas de sus templos de columnas jónicas es una auténtica maravilla.

 

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