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Nada más pisar las extensas y abiertas llanuras que
dominan Tanzania el visitante se sentirá muy, muy pequeño. Y así debe de
ser, ya que en ese instante entra a formar parte de una de las mayores
poblaciones de fauna salvaje del mundo. Ñus, monos, antílopes, leones,
leopardos, cocodrilos, gacelas, flamencos... una larga lista que ha
conocido en Tanzania la despiadada mano de los cazadores blancos -aunque
en la actualidad prefieren las cámaras a las armas-.
A pesar de una
economía pobre agravada por alborotados vecinos y gobiernos coloniales
oportunistas, Tanzania posee una de las mejores zonas del continente
para la observación de la vida salvaje. Parques famosos como el del Serengeti y el Kilimanjaro, o el maravilloso cráter del Ngorongoro hacen
que merezca la pena repostar en algunas de sus monótonas ciudades. Debe
añadirse el atractivo apéndice del país: Zanzíbar, una de las islas de
la costa tanzana, y antiguo centro de especias del que el punto de
origen del Marangu.
Parque Nacional del
Serengeti
El Serengeti, que se extiende sobre 14.763 km², conforma
la mayor reserva natural de Tanzania. El parque permite hacerse una
ligera idea de lo que debió ser gran parte de África oriental antes de
la llegada de los grandes cazadores blancos. La terrible matanza de los
animales de la llanura se inició a finales del siglo XIX, pero en
tiempos más recientes los cazadores furtivos y de trofeos en busca de
marfil han incrementado el espeluznante número de víctimas. En las
llanuras prácticamente desnudas e infinitas del Serengeti existen
millones de animales ungulados. Se hallan en constante movimiento en
busca de hierba, y son observados y cazados por una variada procesión de
depredadores. Es una de las visiones más sorprendentes que jamás se
podrá tener, y el número de animales implicados resulta espectacular. El
ñu juega un papel fundamental en la fascinante migración anual,
pero el Serengeti también es famoso por sus leones, leopardos y jirafas.
Resulta imprescindible proveerse de unos prismáticos.
Área de Conservación del
Ngorongoro
Puede que la vista del cráter del Ngorongoro de 20 km de
ancho y 600 m de alto no impresione tanto desde arriba, pero una vez se
haya conseguido abrir camino a través de la tupida selva, el visitante
quedará anonadado. Ha sido comparado con el arca de Noé y el jardín del
Edén; sin embargo, este lugar posee la ventaja de existir. Quizá Noé se
sentiría un poco decepcionado por el menguante número de animales que
permanece en la actualidad, pero aun así no tendría dificultad en
encontrar al león, el elefante, el búfalo y a muchos de los herbívoros
de las llanuras como el ñu, la gazela de Thomson, la cebra y el antílope
reedbuck, así como miles de flamencos chapoteando con sus largos zancos
en las aguas poco profundas del lago Magadi, situado en el interior del
cráter. Los masai que habitan en la zona tienen derecho al
pastoreo; puede que se crucen con el viajero mientras guardan su ganado.
Se puede acceder al cráter en un autobús privado o en camiones desde
Arusha (en la carretera principal), como mínimo hasta Karatu,
pero resulta prácticamente imposible encontrar medio de transporte más
allá de esta población.
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Crater Ngorongoro -
Tanzania |
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