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No se trata de un eslogan turístico. La especial situación
geográfica de Tenerife y la incidencia de una serie de factores
favorables sobre la zona, como la caricia constante de los vientos
alisios, mantienen unas temperaturas medias agradables durante un
año. No hace frío en invierno, pero tampoco es, nunca, sofocante el
calor en el verano. Durante las cuatro estaciones, el termómetro
suele oscilar entre los veinte y veinticuatro grados, y la
temperatura del mar, en las playas es muy parecida a veces, superior
a la ambiental.
Estos datos generales, aplicables, sobre todo, a las costas no debe
traducirse por monotonía. La especial orografía de la isla, que
alcanza los 3.717 metros de altura en la cumbre del Teide, y los
propios alisios, dotan a Tenerife de toda una serie de microclimas
que conforman uno más de sus múltiples atractivos. |
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| Teide,
Tenerife |
De modo que, en los meses invernales,
resulta perfectamente posible tomar un refrescante baño en una playa
o en la piscina de un hotel y, después, subir hasta las faldas del
volcán para retozar en la nieve.
No puede hablarse del paisaje, de un paisaje de Tenerife, sino de
todo un mosaico increíble de paisajes. Las mismas razones que
explican la variedad de microclimas, son la base de esta fantástica
mezcla de perspectivas, de colores, de aromas, de panorámicas
distintas que nos van sorprendiendo a cada paso, cuando recorremos
la isla, produciéndonos la impresión de que, en breves kilómetros,
hemos cambiado de país, de continente incluso.
Generalizando mucho, podríamos decir que, paisajísticamente,
Tenerife se divide en un Norte verde, húmedo, con una vegetación más
frondosa, y un Sur más seco y ocre, salpicado de plantas adaptadas
al sol intenso, como ciertos tipos de cactus, cardones, tabaibas...
Pero, eso sería francamente simple.
Porque, además, está la cordillera de Anaga, verdadera espina dorsal
de la isla, en cuya cresta florece, lujuriosa, la laurisilva, una
reliquia vegetal prehistórica que tiene su último refugio en el
archipiélago.
Porque, además, están los barrancos casi inaccesibles-algunos,
sorprendentemente bellos y ajenos al tiempo y al mundo, como el del
Infierno. Y las playas, de arenas negras en el Norte, y clásicamente
rubias en el Sur. Y las palmeras que, como espigados centinelas,
otean el mar, a lo largo de toda la costa, desde San Juan de la
Rambla hasta la Isla Baja.
Porque están, también, los valles subtropicales, como el de la
Orotava, y los bosques de pinos, y las brumas de medianías que se
transforman en manto blanco desde lo alto: el mar de las nubes.
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| Santa
Cruz de Tenerife |
La de
Santa Cruz de Tenerife es, sin duda, la más brasileña de cuantas
fiestas de carnaval se celebran en España. Durante una semana las
calles de la capital tinerfeña se inundan de gentes llegadas de todo
el mundo, de música, de color, de alegría y de imaginación, hasta
configurar una densidad festiva difícil de describir. El carnaval
isleño, que ha logrado convertirse en uno de los más grandes del
mundo, es una explosión incontrolada de alegría y de libertad que ha
sabido aglutinar perfectamente la esencia de esta fiesta universal:
por unos días no hay límites, la única regla es el desenfreno,
desaparecen los tabúes y las normas, y la libertad, la más completa
expresión de la libertad, es lo que mejor define al carnaval de
Santa Cruz.
Sin embargo, tan anárquica algarabía no tiene nada
de improvisado ni de desordenado. Los tinerfeños preparan con
ilusión durante varios meses las carrozas que recorrerán las calles
de la ciudad. Invierten en ello una desbordante imaginación y un
contagioso buen humor. Ensayan los cantos, las músicas y componen
parodias sobre la actualidad política o sobre los famosos. En la
cabalgata anunciadora, la del primer día (el sábado anterior a
Carnaval), participan todas las agrupaciones carnavaleras: comparsas
de marcado estilo brasileño, murgas de adultos y niños, rondallas,
coros y, naturalmente, miles y miles de personas con sus disfraces.
Se elige la reina del Carnaval entre las jóvenes más bellas,
realzadas por preciosos vestidos diseñados expresamente para tan
señalada ocasión. Y el martes de Carnaval se vive la apoteosis
festiva, con un coso en el que se reúnen todos los participantes. Es
la culminación de esta auténtica metamorfosis, de este largo
paréntesis en el quehacer cotidiano, que supone para Tenerife su
carnaval.
Excursiones en Tenerife
En Santiago del Teide,
encontramos un paisaje excepcionalmente bello de la costa
cortada en los llamados los Acantilados de los Gigantes.
Garachico es un pequeño
pueblo monumental de singular belleza. Tiene un pequeño puerto,
que en el pasado fue el más importante de la isla, una playa de
arena negra, y unas bonitas piscinas naturales.
Icod de los Vinos, en el
pasado importante exportador de vinos, se presenta como un
pueblo de mansiones coloniales y viviendas rurales en perfecta
armonía. En su centro encontramos una visión sensacional: el
Drago milenario (Dracaena draco).
De ahí llaman a Icod la ciudad del Drago mitológico,
árbol gigantesco que se hiergue como un fósil vivo de unos 3.000
años. Para los guanches fue árbol sagrado con poderes mágicos y
a su alrededor celebraban sus asambleas rituales. Un tratado de
1633 profundiza en la leyenda contando: siendo su tronco a
modo de serpiente, y su jugo como de sangre, ha pasado más de
una vez por verdadera sangre de dragón, y el árbol casi por una
bestia. Para otros la existencia de este árbol se considera
como un testimonio más de la existencia del continente de
la Atlántida, pues los dragos existen en partes muy
remotas del mundo.
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Tacoronte es también
famoso por sus vinos tintos. Es una villa agrícola y pintoresca,
con fértiles campos de viñedos en contraste con impresionantes
acantilados en sus costas.
La Laguna es una ciudad muy
monumental y universitaria, que fue capital de la isla, cuando
Santa Cruz era solo su puerto. Muy cerca de ella encontramos
importantes centros turísticos con bellas piscinas naturales.
Candelaria es un lugar de
peregrinaciones de gran importancia en la isla por albergar la
Basílica de la Virgen de la Candelaria, patrona de la isla.
Güimar, situada en un valle, presenta un paisaje
impresionante de profundos barrancos. Muy cerca de ella
encontramos Los Realejos,
situados en una zona de ricas plantaciones de plataneras, poseen
el templo más antiguo de la isla y otras riquezas monumentales.
La Orotava
quizás el paraje más paradisiaco de la isla, marca el
final de nuestro viaje. Es una ciudad bellísima y monumental,
adornada por jardines y casas señoriales con los originales
balcones de madera de tea (el viejo pino canario). Entre ellas
destacan las Casas de los Balcones, dos antiguas
mansiones canarias del s.XVII. De gran interés es visitar la
ciudad durante la fiesta del Corpus, cuando se traen
flores y tierra de 6 colores de los alrededores y con estos
bonitos motivos cromáticos se alfombran las calles.
Está situada en el centro del bellísimo Valle de la Orotava,
un enclave privilegiado en un mar de plataneras. En este paraíso
terrenal, con plantaciones de vides y bellos árboles frutales,
sus contrastes fascinan; cuando la cumbre del Teide está nevada,
se abren en la Orotava las flores a sus pies. Ofrece asimismo
fantásticas panorámicas desde los cuatro puntos cardinales.
Cuentan que el naturalista alemán Humboldt, se incó
derrodillas ante tal visión y en aquel sitio dio su nombre a un
mirador. |