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Turismo en Túnez

 
 

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Túnez

La lista de los lugares interesantes de Túnez haría justicia a un país el doble de grande. Desde los poblados de la edad de piedra, cerca del oasis de Kebili, hasta los escenarios en donde se rodó parte de La guerra de las galaxias (en Matmata), sus paisajes, exuberantes o lunares, han visto más acción que todos los países de África juntos.
   
   

Después de viajar unos días, cualquiera estará de acuerdo en que dejar volar la imaginación en las famosas ruinas romanas de Cartago y El-Jem es casi como sumergirse en la Eneida de Virgilio y tomarse un trago con Dido, mientras que si holgazanea un día en las playas de la costa septentrional se preguntará qué buscaba Aníbal lejos de Túnez.

Ya sea la mezcla cultural franco-árabe de la capital o la inabarcable extensión del Sahara, lo que se encuentra en Túnez impresiona. Al fin y al cabo, tres mil años de historia convencen a cualquier visitante.

Mapa de Tunez

     

Cartago

A pesar de la fascinante historia de Cartago y la posición de dominio que mantuvo en el mundo antiguo, los romanos hicieron tal trabajo de demolición que las ruinas actuales son algo decepcionantes. Casi todo lo que queda es de origen romano; ningún resto púnico. Hay seis centros de interés, y lo más fastidioso para el visitante es que están dispersos y muy distantes unos de otros. Para salvar este inconveniente, se puede tomar la línea TGM (tren ligero), que atraviesa la zona, pero se advierte que, aún así, hay que caminar bastante.

El mejor punto de partida es la colina de Byrsa, que domina la zona y proporciona una perspectiva general desde su cima. A sus pies se encuentra la catedral de St Louis, visible desde algunos kilómetros a la redonda.

 
 
Ruinas Cartago, Túnez
Ruinas romanas de Cartago - Tunez

Es una construcción de proporciones descomunales, que fue erigida por los franceses en 1890 y dedicada al rey-santo del siglo XIII, que murió a orillas de Cartago, en 1270, durante la octava cruzada. Aunque fue desconsagrada y clausurada durante años, ahora ha sido restaurada y abierta al público. El Museo Nacional es el gran edificio blanco ubicado en la parte posterior de la catedral, y sus exposiciones, renovadas, merecen un vistazo. La muestra púnica, en la planta superior, es muy recomendable.

El anfiteatro romano en la parte occidental de Byrsa, a 15 minutos andando desde el museo, fue uno de los más grandes del Imperio, aunque hoy queda poco de su esplendor. La mayoría de sus piedras fueron extraídas para otros proyectos de construcción en siglos posteriores. El conjunto de enormes cisternas situado al noreste del anfiteatro constituía el principal suministro de agua de Cartago durante la era romana; ahora se hallan en ruinas y las dificultades de acceso, entre espinosas chumberas, hacen que apenas merezca el esfuerzo.

Las termas de Antonino se localizan al Sur, en el frente marítimo, e impresionan básicamente por su tamaño y situación. El barrio de Magon es otro parque arqueológico próximo al mar, a unos pocos metros al sur de los baños. Excavaciones recientes han descubierto una interesante zona residencial.

El santuario de Tofet ha suscitado un gran interés desde que fue excavado por primera vez en 1921. El Tofet era un lugar de sacrificios con un cementerio anexo, donde los hijos de los nobles cartagineses eran asesinados y quemados para apaciguar a las deidades de Baal Hammon y Tanit. En la actualidad es poco más que una parcela llena de maleza con algunas fosas.

Legado Bereber en Túnez

Dougga

Las ruinas romanas de Dougga, a 105 km al suroeste de la capital, se consideran las más espectaculares y mejor conservadas del país. Ocupan una prominente posición al borde de las montañas de Tebersouk, dominando el fértil valle de Oued Kalled, donde se cultiva trigo. El yacimiento fue ocupado hasta principios de la década de 1950, cuando los residentes fueron evacuados para contribuir a preservar las ruinas.

En Dougga hay mucho que ver y merece la pena contratar un guía autorizado. El primer monumento que se aprecia es el teatro, con capacidad para 3.500 espectadores y construido en la ladera en el año 188 d.C. por uno de los habitantes adinerados de la ciudad. Ha sido reconstruido y es el escenario idóneo para las iluminadas representaciones de teatro clásico del Festival de Dougga que se celebra en julio y agosto. Un poco más allá, un sendero conduce al templo de Saturno, erigido en el emplazamiento de un templo anterior dedicado a Baal Hammon. Al suroeste del teatro, una sinuosa calle conduce a la plaza de los Vientos, donde el pavimento está dispuesto como un enorme compás y enumera los nombres de doce vientos. Otro templo bordea la plaza al Norte, mientras que el mercado y el capitolio están situados al Sur y al Oeste, respectivamente.

El capitolio es uno de los monumentos más extraordinarios del país, que fue erigido en el año 166 d.C. Seis estriadas columnas sostienen el pórtico, que está a unos ocho metros por encima del suelo. El friso posee una escultura apenas erosionada, hecho infrecuente, que muestra al emperador Antonio Pío entre las garras de un águila. Dentro existía una enorme estatua de Júpiter, cuyos fragmentos se guardan ahora en el Museo del Bardo, en Túnez. Cerca, la casa de Dionisos y Ulises fue antiguamente una suntuosa residencia; en ella se encontró un mosaico que muestra a este último hipnotizado por las sirenas (actualmente forma parte del Museo del Bardo, en la capital).

El-Jem

Hay pocos monumentos más deslumbrantes que El-Jem, el bien conservado y antiguo coliseo -casi tan grande como el de Roma-, que empequeñece los edificios de la ciudad moderna. Erigido en una meseta a medio camino entre Susa y Sfax, a unos 210 km al sur de la capital, El-Jem puede divisarse desde varios kilómetros a la redonda, dominando por completo la zona.

El coliseo, construido entre los años 230 y 238 d.C., ha sido utilizado como puesto defensivo en numerosas ocasiones. Sufrió graves desperfectos en el siglo XVII, cuando las tropas de Mohammed Bey abrieron un boquete en el muro occidental para hacer salir a los miembros de la tribu local que se habían rebelado contra los impuestos exigidos. La brecha se ensanchó todavía más durante una rebelión en el año 1850, pero, por fortuna, en la actualidad se concede mucha importancia a su conservación y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Con una capacidad para 30.000 personas (una cifra que supera al de la población de la ciudad), es uno de los monumentos romanos más impresionantes de África. Aún se puede ascender hasta las gradas superiores y observar la arena, o explorar los dos largos pasadizos subterráneos que en otros tiempos albergaban a gladiadores, animales e infelices condenados.

Anfiteatro romano de El Jem Tunez

Tozeur

Tozeur es una de las paradas más demandadas por los viajeros, y lo ha sido desde el período capsiense (hacia el año 8000 a.C.). Sus principales atractivos radican en un casco antiguo laberíntico, un interesante museo y un extenso palmeral en la punta septentrional de Chott el-Jerid. A unos 435 km al suroeste de la capital, el camino se torna emocionante: la carretera de Kebili atraviesa un chott (laguna salada desecada) por un paso elevado.

El evocador barrio antiguo de la ciudad, Ouled el-Hadef, fue construido en el siglo XIV d.C. para alojar al clan de El-Hadef, que se enriqueció con el comercio de las caravanas. Es una maraña de estrechos callejones cubiertos y de diminutas plazas y ha adquirido fama por sus métodos genuinos de fabricación de ladrillos. Existe un pequeño, pero notable, museo de arqueología que merece una visita.

Además del Museo del Bardo de la capital, el Museo de Dar Charait es el otro gran museo del país por el que vale la pena desviarse de la ruta. Exhibe una amplia colección de cerámica y antigüedades. Posee una galería de arte y habitaciones conformadas como réplicas de la vida tunecina, pasada y presente. Incluyen la habitación del último bey, un decorado palaciego, unos baños (hammam) y una tienda beduina. Los guardas del museo, vestidos como sirvientes del bey, colaboran con su aspecto a entrar en el ambiente.

El palmeral de Tozeur es el segundo de mayor tamaño de Túnez, con cerca de doscientas mil palmeras en una superficie de más de 10 km². Es un clásico ejemplo de agricultura de oasis en terraza y se halla surtida por más de doscientos manantiales, que producen unos sesenta millones de litros de agua al día. El mejor modo de explorar el palmeral es a pie o en bicicleta, que se puede alquilar en la entrada.

Matmata

En ninguna otra parte de Túnez el turismo organizado es tan desmesurado como en el pueblecito de Matmata, a 400 km al sur de la capital, en la costa sureste. Las casas subterráneas de este poblado troglodita han demostrado ser un reclamo irresistible para los turistas o para los viajeros que acceden al lugar en vehículos todoterreno tras un safari por el desierto.

No es difícil entender por qué no dejan de acudir autobuses. El pasaje desprende un aire casi surrealista, con un entorno un tanto lunar. Sin duda ése es el motivo por el que fue elegido como lugar de filmación para las escenas de desierto de la película La guerra de las galaxias. Los bereberes de la zona construyeron viviendas subterráneas hace más de mil años para escapar del extremo calor del verano. Todas las casas son prácticamente idénticas, con un patio excavado a unos 6 m de profundidad y habitaciones en túneles abiertos en los lados. Las más amplias cuentan con dos o tres patios y se accede a ellas a través de una estrecha escalera desde el patio hasta la superficie.

Si se pretende ver Matmata por cuenta propia (siempre hay guías disponibles), lo adecuado es visitar los hoteles. Conviene llegar al final de la tarde, después de que los autobuses de turistas hayan partido, y dar un paseo hasta más allá del hotel Ksar Amazigh. Desde allí, hay buenas vistas de Matmata, que queda atrás, y del valle de Oued Barrak, al Norte. De regreso, hay que saciar la sed en el bar del hotel Sidi Driss (la famosa cantina de La guerra de las galaxias) y asomarse al hotel Les Berberes y al hotel Marhala. Así se habrá visto lo más notable de la ciudad.

 
 

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